Así es como le he dado la vuelta al día, como si de una tortilla se tratase. Las cosas no empezaron muy bien, un despertador sonaba y yo no me quería levantar... Con esa frase trampa sin la que algunos no podríamos vivir por las mañanas ("un poco más") fueron pasando los minutos y, para cuando quise llegar a la parada del autobús, ya había pasado. Total que he llegado 20 minutos tarde y no precisamente animada, pero el día a cundido como ningún otro con lo que antes de la finalización de mi jornada laboral, tenía la cabeza embotada así que he decidido marcharme, que no merecía la pena invertir los restantes 15 minutos en perder el tiempo...
Pero esta vez no he ido a la parada de autobús, sino que he decidido volver a casa andando, que para un día que no llueve... mi cuerpo iba agradeciendo más y más el paseo, con lo que la cabeza ha vuelto a funcionar y entonces decidió que era capaz de llegar hasta casa por una nueva ruta, una que no he hecho nunca... Sólo hubo un momento de duda y, lejos de sacar el mapa -que llevaba en la mochila- o aventurarme a lo desconocido para perderme completamente, me he acercado disimuladamente a la parada de autobús, he mirado el mapa de "usted está aquí", he sacado conclusiones y he ido en la dirección correcta. ¡Cielos! ¿estaré dejando de ser una amparo? ¿mereceré la expulsión de este mi querido blog?
El caso es que me he sentido tan bien con la azaña, que me he ido a tomar una pinteja en un bareto que hay cerca de casa para celebrarlo, pensar un poco y escribir estas y otras líneas que publicaré a continuación. Luego me he ido a casa y he empezado a hacer reparaciones -los muebles son de Ikea y los tornillos, con el tiempo, se flojan...-, a cocinar para los próximos días, etc. y todo con la música bien alta, ¡cantando y todo! ¡esta es la paya que yo conozco! y ahora, como no, en exclusiva, y para todos ustedes... estoy pasando mis notas al blog. Un besote,
-la paya-
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