viernes, 30 de noviembre de 2007

instalaciones

Y es que con las nuevas tecnologías y diseño de edificios inteligentes da gusto trabajar. Lo que pasa es que los arquitectos no lo piensan bien cuando diseñan el edificio...

El edificio en el que paso buena parte de mi vida (que no es, precisamente, mi casa) era un antiguo taller que ha sido rehabilitado recientemente (no creo que tenga más de seis años). Yo llevo aquí más o menos seis meses y tiene goteras. Puede que sea "normal", ahora bien, el pasillo principal está cubierto por un tejadillo acristalado muy bonito, pero las juntas no deben estar bien puestas porque hace unas semanas nevó y todos salimos a disfrutar del evento: ¡nevaba en el pasillo! ¡dentro del edificio!

Luego tenemos la brillante idea de centralizar calefacción y aire acondicionado. No hay ninguna forma de hacer que sean independientes, las ventanas no se abren... Una vez se murió una rata en un conducto de ventilación y, al pasar los días un olorcillo a descomposición inundó nuestro laboratorio. No hubo forma de hacer que lo limpiaran

Después están esas maravillosas puertas super-seguras que se abren si tecleas el código correcto, bien pensado, así no hay que repartir llaves pero... cuando se va la luz (algo desgraciadamente frecuente) ¿cómo entro?

Los cortes de luz llevan muchas más implicaciones, porque que se apague un ordenador y te deje el trabajo de tres días colgado es malo, muy malo, pero soportable, ¿y qué pasa con los biólogos, que pasan meses haciendo crecer un cultivo de células que si están más de una hora a una temperatura que no es la correcta, se mueren? ¿vuelven a empezar su investigación cada vez que se va la luz?

Todo esto lo escribí hace un año y las cosas siguen igual, ahora me voy de aquí y estoy revisando archivos así que he redactado un par de anécdotas más, para no aburrir con el tema:

Tenemos también un baño de minusválidos bastante amplio, con barras junto a la taza... todo bien, aunque no pensaron en un pequeño detalle y es que la puerta de entrada al baño es igual de estrecha que el resto, que queda muy moderno, pero no cabe una silla de ruedas...

Venga, la última: las puertas tienen manilla por dentro y por fuera, pero como la cerradura es electrónica, pues cuando giras la manilla si marcar el código, no puedes entrar. Bien, ignoramos los cortes de luz, etcétera. Hace unos días una de esas manillas exteriores se rompió y hubo que sustituirla... ¿qué hizo el equipo de mantenimiento? puso una nueva y la soldó a la interior... vamos, que ya no es necesario marcar ningún código secreto ultra seguro, simplemente agarras la manilla, giras y... la puerta se abre, nos falta el cartel de bienvenida.

No os aburro más con esto, que creo que tengo algún otro escrito pendiente de publicación. Gracias a todos los arquitectos y técnicos de mantenimiento en el mundo que tienen dos dedos de frente.

-la paya-

Pequeños momentos

Ayer me apetecía hacer algo diferente, poner una nota de color en mi vida. Algo rondaba mi cabeza sin que supiera exactamente el qué. Me apetecía... no sabía lo que me apetecía y entonces lo descubrí. Lo que más me apetece del mundo mundial es ¡comerme un kebab!

Al fin y al cabo eso es lo que realmente te da satisfacción en la vida, esos pequeños momentos, hacer algo porque sí, porque me apetece y además lo haces tú, contigo misma y sin compartirlo con nadie más. Es tu momento (egoista y feliz). Son esos momentos los que me dan la vida, un paréntesis que dura días, en el que desconectas de todo y te dedicas a lo que realmente quieres, que es lo que te ha apetecido en ese instante, que en realidad no son días sino unos minutejos, un par de horas a lo sumo... ¡que duran días!

-la paya-

martes, 6 de noviembre de 2007

el festival

La cosa ya empezó mal. El jueves fui a por entradas para las sesiones de tarde y noche y no pude conseguir ninguna que me interesase. Me molestó especialmente no poder ir a "la noche del corto español" pero fue por propia incompetencia ya que, desde el año pasado se pueden comprar las entradas por internet.

La primera película que fue el viernes a las 9 de la mañana. al contrario que otros años, me sorprendió salir de casa ya de día (nunca había estado en la seminci después del cambio al horario invernal) y cuando llegué al Roxy... ¡oh, sorpresa, no había una cola hasta atrás!. Bueno, desencantos personales al margen, proyectaban una peli austríaca: Heile Welt (Todas las cosas invisibles) de Jakob M. Erwa. El director presentó la peli y todo, después se apagaron las luces, y nada más salir los créditos del principio me dieron hanas de salir corriendo. No sé por qué no lo hice... Por la tarde no pude ir así que mandé a mi madre a ver lo que terminó siendo el premio de la crítica internacional.

El día siguiente comenzó con una comedia romántica: Ensemble, c'est tout (Juntos, nada más) de Claude Berri. Bonita sin más, para nada trascendente, pero con la que se puede pasar un rato agradable. A continuación la espiga de oro del festival: 14 Kilómetros, de Gerardo Olivares, película un poco a tono con el festival, al menos lo que he creido ver otros años, un cine "social", trata de la inmigración de áfrica a España a través del estrecho (14 Kilómetros), pero es como muy tradicional, y con escenas tipo hollywood de "salvar a la chica"...

Por la tarde vi una de las proyecciones especiales, un par de pelis de Lambroisse, la primera de las cuales fue maravillosa: Le Ballon rouge (el globo rojo), nada más que un niño con un globo rojo y terminé con una sonrisa de oreja a oreja y Crin blanc, la historia de un niño y un caballo salvaje. Rematé con: lo bueno de llorar, de Matías Bize ¡qué horror! no me quedaron ganas de ir a la siguiente sesión.

Resumen: pataleta para mi festival de cine particular

-la paya-