Pues sí, ocupada en sonreir, ser feliz y pasarmelo bien. Y ya que estoy, pues de vez en cuando hago sonreir a otros: por ejemplo, el otro día me compré un abono de bus de un día y, cuando ya no lo iba a usar más, a eso de las 6 de la tarde ví a una chica en la parada y se lo dí. Pero esto es egoísmo puro y duro, porque me hace sentir mejor, teníais que haberle visto la cara, se le iluminó toda.
Hoy además se me ha presentado la oportunidad de donar sangre, que ya hacía más de un año que lo hacía. Como no me he mareado ni nada pues no mola contarlo, pero he pasado casi una hora esperando y ha habido mogollón de gente que se ha pirado, algunos de los cuales lo han hecho montando un escándalo... todo como muy inglés...
¡Ah, sí! y era un sitio un poco raro: un hotel de 4 estrellas. Aparentemente el hotel cede cada dos o tres meses una habitación a la seguridad social para que lleven una unidad móvil y le saquen sangre a todo lo que se presente. Os podéis hacer una idea, es como un mini salón de actos, enmoquetado, con 12 camillas portátiles que si te estiras un poco le metes la zapatilla al vecino, y enfermeras y enfermeros que van y vienen, sin biombos ni nada así que lo ves todo bien clarito y en una esquina tienen una mesa casi de camping con sillas alrededor para que te puedas tomar unas galletas y ... una taza de té. Toda una experiencia, ahora que lo pienso bien.
-la paya-
lunes, 30 de marzo de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
Colonos
Parece que un poco de razón sí tenía Maquiavelo que, en El príncipe, dice que una buena forma de mantener un reino es enviar colonos, mucho más efectiva que enviar tropas. Bien, yo estoy colonizando y he traido a esta oficina, más que a este país, el concepto del café con leche. Les he dado clases: cómo batir la leche con el chorro de vapor de la cafetera para mezclarlo con el café (eso ya sabían hacerlo, el holandés llegó primero y exigió tener una cafetera en la oficina).
Dentro de poco me traeré el Cola-Cao y empezaremos a hablar en español y a dar clases de guitarra y canto flamenco (que es como el Instituto Cervantes presenta la cultura española y claro, yo no soy quién para contradecir a tamaña institución).
-la paya-
Dentro de poco me traeré el Cola-Cao y empezaremos a hablar en español y a dar clases de guitarra y canto flamenco (que es como el Instituto Cervantes presenta la cultura española y claro, yo no soy quién para contradecir a tamaña institución).
-la paya-
sábado, 14 de marzo de 2009
Servicio técnico
Pues que creo que es por eso por lo que los servicios de unas compañías son más caros que los de otras (supongo que habrá más factores en juego). Yo no sé si mi banco es de los buenos o de los no tan buenos. Yo me abrí una cuenta en él porque era el banco en el que mi antiguo jefe tenía la cuenta de la empresa cuando yo me vine por primera vez a Inglaterra y que por ese motivo y porque vino él conmigo al banco la primera vez y porque me firmó los papeles necesarios para demostrarle al banco que yo era legal en el país.
Me voy a explicar un poco más. Por aquello de las cuestiones burocráticas, para abrir una cuenta en un banco en este país necesitas demostrar que vives en una dirección pero, oh maravillas del mundo y paradojas de la vida, para alquilar un piso (y por tanto tener el contrato que el banco necesita para creerte) al que te lleguen cartas (que es otra forma de demostrar que vives en un sitio), necesitas una cuenta bancaria en el país...
Pues eso, que en aquel momento no había dónde elegir y ese sigue siendo mi banco (no me cobran comisiones de ningún tipo, ni por mantener la cuenta ni por la tarjeta ni por mandarme cartas a casa ni nada de eso). El caso es que pedí una tarjeta y ayer me llegó el PIN así que me fui al cajero más cercano para cambiarlo por un número que yo sea capaz de recordar. La pantalla del cajero en cuestión me dijo, muy atentamente, que mi banco no permitía esa operación. Entonces pensé que debería ir a un cajero de la misma entidad bancaria que la mía y así lo hice. Lo intenté tres veces sin éxito (cuatro en total).
Una hora más tarde, recibí una llamada al móvil de un número oculto que no llegué a tiempo de coger pero que me dejó un mensaje en el contestador diciendo que era mi banco y que me pusiera urgentemente en contacto con ellos. Yo llamé inmediatamente pensando que me habían bloqueado la tarjeta o vaya usted a saber la que podía haber montado y resulta que no, que llamaban porque habían detectado una actividad anormal con mi tarjeta (4 veces en menos de 10 minutos. Creo que no habían visto que no he sacado dinero, que sólo intentaba cambiar mi PIN) y querían asegurarse de que lo había hecho yo, conscientemente.
Estoy muy impresionada, que lo sepáis.
-la paya-
Me voy a explicar un poco más. Por aquello de las cuestiones burocráticas, para abrir una cuenta en un banco en este país necesitas demostrar que vives en una dirección pero, oh maravillas del mundo y paradojas de la vida, para alquilar un piso (y por tanto tener el contrato que el banco necesita para creerte) al que te lleguen cartas (que es otra forma de demostrar que vives en un sitio), necesitas una cuenta bancaria en el país...
Pues eso, que en aquel momento no había dónde elegir y ese sigue siendo mi banco (no me cobran comisiones de ningún tipo, ni por mantener la cuenta ni por la tarjeta ni por mandarme cartas a casa ni nada de eso). El caso es que pedí una tarjeta y ayer me llegó el PIN así que me fui al cajero más cercano para cambiarlo por un número que yo sea capaz de recordar. La pantalla del cajero en cuestión me dijo, muy atentamente, que mi banco no permitía esa operación. Entonces pensé que debería ir a un cajero de la misma entidad bancaria que la mía y así lo hice. Lo intenté tres veces sin éxito (cuatro en total).
Una hora más tarde, recibí una llamada al móvil de un número oculto que no llegué a tiempo de coger pero que me dejó un mensaje en el contestador diciendo que era mi banco y que me pusiera urgentemente en contacto con ellos. Yo llamé inmediatamente pensando que me habían bloqueado la tarjeta o vaya usted a saber la que podía haber montado y resulta que no, que llamaban porque habían detectado una actividad anormal con mi tarjeta (4 veces en menos de 10 minutos. Creo que no habían visto que no he sacado dinero, que sólo intentaba cambiar mi PIN) y querían asegurarse de que lo había hecho yo, conscientemente.
Estoy muy impresionada, que lo sepáis.
-la paya-
viernes, 13 de marzo de 2009
Tacto
¿Hay alguna forma no agresiva de decirle a tu jefe que, cuando abandone la oficina durante una hora para ir al gimnasio, por favor se duche antes de regresar? La otra opción es tomar ejemplo de lo que hacen algunos centros comerciales para combatir el famoso síndrome "¡cierra la puerta que se escapa el gato!". Que sí hombre, que lo habéis visto mogollón de veces, es ese chorro de aire caliente que sale del techo y te da de lleno cuando intentas entrar o salir del correspondiente centro comercial. El aire caliente impide que entre el frío, pero no impide la entrada a posibles clientes y no se les incomoda pidiéndoles (a voz en grito si es posible) que hagan el favor de cerrar la puta puerta, que tú tienes que trabajar ahí para recibirles y hace un frío del carajo.
Bien, la barrera que quiero construir yo es de olor, pero creo que no he ingerido suficiente brocoli en los últimos dos días... contra el ruido tengo unos cascos, pero contra el olor, ¿qué hago? Hoy ha habido en la cocina (antes de este lamentable espectáculo) un comentario acerca de un señor pedo que alguien se tiró en mi zona de trabajo y que era casi un hongo nuclear, porque yo no fui y mi vecino más cercano está a más de tres metros de distancia de mi mesa y hasta mi sitio no sólo llegó el olor, sino que me envolvió durante un ratito. El comentario ha sido de el otro compañero que no es mi jefe así que si en mi área somos tres, yo tengo la certeza de que a mí no se me escapó nada y el del comentario se tira pedos, sí, pero siempre los comenta, creo que solo queda un candidato a bombardero nuclear...
Y vosotros os reiréis, pero a mí no me está haciendo mucha gracia, porque el sudor inmediato pues huele mal, pero este hace ya un par de horas que volvió del gimnasio y el olor empieza a ponerse rancio. Si me veis el careto lo flipais.
-la paya-
Bien, la barrera que quiero construir yo es de olor, pero creo que no he ingerido suficiente brocoli en los últimos dos días... contra el ruido tengo unos cascos, pero contra el olor, ¿qué hago? Hoy ha habido en la cocina (antes de este lamentable espectáculo) un comentario acerca de un señor pedo que alguien se tiró en mi zona de trabajo y que era casi un hongo nuclear, porque yo no fui y mi vecino más cercano está a más de tres metros de distancia de mi mesa y hasta mi sitio no sólo llegó el olor, sino que me envolvió durante un ratito. El comentario ha sido de el otro compañero que no es mi jefe así que si en mi área somos tres, yo tengo la certeza de que a mí no se me escapó nada y el del comentario se tira pedos, sí, pero siempre los comenta, creo que solo queda un candidato a bombardero nuclear...
Y vosotros os reiréis, pero a mí no me está haciendo mucha gracia, porque el sudor inmediato pues huele mal, pero este hace ya un par de horas que volvió del gimnasio y el olor empieza a ponerse rancio. Si me veis el careto lo flipais.
-la paya-
miércoles, 11 de marzo de 2009
Medicina y observación
Yo ya sabía que era absurdo ir al médico para preguntar porqué he perdido nosecuantos kilos desde que me vine a este país sin poder proporcionar al facultativo en cuestión ninguna pista para comenzar la búsqueda de la causa. Por que la medicina no es una ciencia exacta y se basa en síntomas, si tú no sabes cuales son los tuyos, es difícil relacionarlos con una causa y menos aún con una solución.
La observación es el secreto, tu cuerpo te dice cuando está bien y cuando no y el mío está débil y eso tiene que estar relacionado con el hierro así que a observar. No he cambiado mi dieta ni la abundancia de las raciones diarias (el horario sí, pero no sé hasta que punto puede influir). No tengo estrés, no hago deporte (es decir, no consumo mucha energía). Esto fue todo lo que pude decirle al médico cuando fui, allá por el mes de octubre. Me hicieron unos análisis y todo salía normal, el hierro un poco bajo, pero dentro de los límites normales (esto también ha sido así siempre).
Hice grandes esfuerzos (más bien antinaturales) para recuperar el peso comiendo variado y lo de siempre, pero mucho más. Al final mi cuerpo se quejó y llegó a un estado de saciedad completa, como cuando te empachas y no puedes comer más en muchas horas, pero aumentado así que volví a mis cantidades normales (que ya de por sí son abundantes) y el resultado ha sido comprobado hoy mismo, sigo perdiendo peso. Como hoy estoy débil, pues le he vuelto a dar vueltas al tema del hierro y he estado buscando los alimentos que tienen hierro, que si hierro hemo, que si no hemo; los alimentos que favorecen la absorción del hierro no hemo (que parece que el cuerpo humano tiene más dificultad para asimilar) y entonces me he dado de bruces con algo con lo que no contaba: los alimentos que perjudican la asimilación del hierro.
La sustancia mágica se llama tanino y se me ha encendido la bombilla, con una cancioncilla interna estilo Tamariz: "tanino-nino-ni". Adivina adivinanza: qué no tomaba antes, que ahora sí tomo (practicamente a diario) y que contiene taninos. La respuesta ha sido inmediata y muy corta: té. No es necesario que termine esta entrada ni con moraleja ni con conlusiones, pero voy a probar a volver a mi mundo desteinado (si no funciona, tendré que seguir pensando...).
-la paya-
La observación es el secreto, tu cuerpo te dice cuando está bien y cuando no y el mío está débil y eso tiene que estar relacionado con el hierro así que a observar. No he cambiado mi dieta ni la abundancia de las raciones diarias (el horario sí, pero no sé hasta que punto puede influir). No tengo estrés, no hago deporte (es decir, no consumo mucha energía). Esto fue todo lo que pude decirle al médico cuando fui, allá por el mes de octubre. Me hicieron unos análisis y todo salía normal, el hierro un poco bajo, pero dentro de los límites normales (esto también ha sido así siempre).
Hice grandes esfuerzos (más bien antinaturales) para recuperar el peso comiendo variado y lo de siempre, pero mucho más. Al final mi cuerpo se quejó y llegó a un estado de saciedad completa, como cuando te empachas y no puedes comer más en muchas horas, pero aumentado así que volví a mis cantidades normales (que ya de por sí son abundantes) y el resultado ha sido comprobado hoy mismo, sigo perdiendo peso. Como hoy estoy débil, pues le he vuelto a dar vueltas al tema del hierro y he estado buscando los alimentos que tienen hierro, que si hierro hemo, que si no hemo; los alimentos que favorecen la absorción del hierro no hemo (que parece que el cuerpo humano tiene más dificultad para asimilar) y entonces me he dado de bruces con algo con lo que no contaba: los alimentos que perjudican la asimilación del hierro.
La sustancia mágica se llama tanino y se me ha encendido la bombilla, con una cancioncilla interna estilo Tamariz: "tanino-nino-ni". Adivina adivinanza: qué no tomaba antes, que ahora sí tomo (practicamente a diario) y que contiene taninos. La respuesta ha sido inmediata y muy corta: té. No es necesario que termine esta entrada ni con moraleja ni con conlusiones, pero voy a probar a volver a mi mundo desteinado (si no funciona, tendré que seguir pensando...).
-la paya-
domingo, 1 de marzo de 2009
Hasta dónde llega la estupidez humana
¿Hasta dónde? No tengo una respuesta para la generalidad de los habitantes del planeta, pero la de esta amparo ha llegado al borde del infartito... Una de esas veces que ves algo que no encaja y te asustas tanto que el corazón sobresale tres metros de tu esternón para bombearte toda la sangre al cerebro para que se te pasen por la cabeza las mayores atrocidades posibles...
¿Sabéis que vivo en un bajo? pues normalmente dejo las persianas (estilo veneciano) abiertas durante el día de modo que se ve perfectamente el interior. Además vivo en una esquina, al comienzo de una calle así que la primera ventana que se ve, es la de mi salón. Bien, pues hoy me he ido al cine a ver una película sobre profesores y alumnos adolescentes, nada violenta, vamos. El caso es que me he bajado del autobús ya de noche, he llegado a la esquia en cuestión, he mirado por la ventana de mi salón y he visto el interior: había un tío dentro, sentado en mi mesa.
En un microsegundo (que es lo que ha durado el infartito) ha sucedido todo lo anteriormente descrito y al mismo tiempo, mi cerebro racional ha repasado todos los elementos de la imagen tomada con la que había en mi salón antes de que yo saliera de casa, llegando a la conclusión (afortunada de mí) de que lo que había en mi salón no era más que un libro apoyado sobre un atril de lectura. ¡Ay que joderse! entonces he vuelto a mirar, y mis ojos han confirmado la situación, no hay ningún tipo de peligro y, desde la ventana hasta la puerta de casa habrá escasos tres metros, pero durante el recorrido me he cabreado un montón conmigo misma (ya hay que ser...). Y nada después he abierto el frigorífico y he observado que la botella de leche que compré esta mañana no estaba ahí, lo que quería decir... que seguía en la alforja de mi bici... y me he puesto a escribir, ya con humor para reírme de lo estúpida que puedo llegar a ser.
-la paya-
¿Sabéis que vivo en un bajo? pues normalmente dejo las persianas (estilo veneciano) abiertas durante el día de modo que se ve perfectamente el interior. Además vivo en una esquina, al comienzo de una calle así que la primera ventana que se ve, es la de mi salón. Bien, pues hoy me he ido al cine a ver una película sobre profesores y alumnos adolescentes, nada violenta, vamos. El caso es que me he bajado del autobús ya de noche, he llegado a la esquia en cuestión, he mirado por la ventana de mi salón y he visto el interior: había un tío dentro, sentado en mi mesa.
En un microsegundo (que es lo que ha durado el infartito) ha sucedido todo lo anteriormente descrito y al mismo tiempo, mi cerebro racional ha repasado todos los elementos de la imagen tomada con la que había en mi salón antes de que yo saliera de casa, llegando a la conclusión (afortunada de mí) de que lo que había en mi salón no era más que un libro apoyado sobre un atril de lectura. ¡Ay que joderse! entonces he vuelto a mirar, y mis ojos han confirmado la situación, no hay ningún tipo de peligro y, desde la ventana hasta la puerta de casa habrá escasos tres metros, pero durante el recorrido me he cabreado un montón conmigo misma (ya hay que ser...). Y nada después he abierto el frigorífico y he observado que la botella de leche que compré esta mañana no estaba ahí, lo que quería decir... que seguía en la alforja de mi bici... y me he puesto a escribir, ya con humor para reírme de lo estúpida que puedo llegar a ser.
-la paya-
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