Pues eso que hemos pasado de año y tenemos el blog abandonado... bueno más bien lo tengo yo, y lo siento...
El año no ha empezado como a mí me hubiera gustado, pero la vida es así, y no siempre podemos compartir todo nuestro caminar con las personas que tenemos al lado... por eso 'Ella' nos ha dejado, para que sigamos sólos adelante, pero yo quiero pensar que está ahí, mirándonos desde algún sitio y viendo cómo estamos, lo que sí que sé seguro es que está en mi corazón, que ocupa un hueco que nunca va a dejar vacante...
Estos días necesitaba desconectar, dejar de comerme la cabeza y me he escapado unos días sola a la capital... he deambulado por las calles, me he hecho invisible en el metro, he tomado un café anónimamente en el café de los escritores, he recorrido el Prado... me he imaginado en otra época, con distintos vestidos, formas de vivir... en fin... en resumen, he disfrutado de la soledad, que algunas veces es tan necesaria.
Ahora ya he vuelto a mi realidad, y por el momento aquí me quedaré...
- Enriqueta -
lunes, 25 de enero de 2010
viernes, 20 de noviembre de 2009
El apasionante mundo de los servicios
Me refiero, concretamente a los que hay en el edificio de mi oficina y más concretamente a los servicios de señoras del piso de abajo por ser éstos los que yo frecuento.
Es increíble lo visible de las personalidades de cada persona en estos sitios. Desde las damas que juegan a estar más tiempo dentro para permanecer en el anonimato de una puerta cerrada. Las que quieren hacerse notar no sólo a golpe de tacón sino salpicando los alrededores del lavabo para que quede claro que lo limpian otros que están por debajo de mí. Las que escriben mensajitos de móvil para matar el rato. Las que no soportan oir ruiditos ajenos y dejan correr el agua o el secador de manos para amortiguar. Las que mantienen largas conversaciones telefónicas durante la visita.
Yo no sé vosotros pero yo nunca había notado tanta variedad.
-la paya-
Es increíble lo visible de las personalidades de cada persona en estos sitios. Desde las damas que juegan a estar más tiempo dentro para permanecer en el anonimato de una puerta cerrada. Las que quieren hacerse notar no sólo a golpe de tacón sino salpicando los alrededores del lavabo para que quede claro que lo limpian otros que están por debajo de mí. Las que escriben mensajitos de móvil para matar el rato. Las que no soportan oir ruiditos ajenos y dejan correr el agua o el secador de manos para amortiguar. Las que mantienen largas conversaciones telefónicas durante la visita.
Yo no sé vosotros pero yo nunca había notado tanta variedad.
-la paya-
jueves, 8 de octubre de 2009
Discusiones
Yo esto ya lo sabía, pero nunca lo había tenido tan claro como para escribirlo. Odio discutir. Y el odio se incrementa cuando veo que no va a servir para nada. En este momento abandono la discusión. Es algo a lo que me acostumbré de pequeñita, es más, uno de mis más gratos recuerdos de infancia es el día que descubrí que yo no tenía porqué presenciar discusiones en casa, que no sólo podía moverme a otra habitación, sino además cerrar la puerta tras mis pasos para amortiguar el ruido. Lo que me lo ha recordado ha sido una discusión matutina.
El contexto:
Anoche, mi compi Sordo (por ponerle un nombre) y yo recibimos un correo eletrónico del jefe supremo diciendo que tiene un problema y que agradecería que alguien arrojase alguna luz sobre el tema.
Mi reacción:
He leído el correo, lo he releído, he accedido a los documentos remitía, he comprobado que lo que decía era correcto y que el problema existe. A continuación he investigado quien es el responsable del problema (Sordo). A continuación he pensado cómo evitar, solucionar o minimizar el problema.
La reacción de Sordo:
Aparentemente, ninguna.
Dejo pasar un rato mientras hago algo más a ver si a) se me ocurre algo mejor o b) Sordo da señales. Nada (y nada quiere decir que ni lo uno ni lo otro). Me he desplazado hasta el sitio de Sordo y le he preguntado si había leído el correo y a continuación he intentado explicarle qué haría yo. Sordo (un nombre muy apropiado) no me ha oido, perdón, no me ha escuchado y lejos de dejarme terminar la explicación ha comenzado a decirme que si tal o que si pascual. He hecho un segundo intento resultando en el mismo tipo de argumentos. Bueno, en realidad no estoy segura del segundo tipo de argumentos, porque he sido yo la que ha desconectado la entrada de audio y he subido el volumen de mis pensamientos (esto no va a llegar a ningún lado). He intentado retirarme "me lo voy a pensar" y ha seguido arrojando sonidos (lo sé porque seguía moviendo los labios, yo seguía sin conectar el audio). Yo me he mantenido en mis trece otras dos veces más "me lo voy a pensar" (cada vez más enfadada conmigo mismo porque el problema lo tienen ellos, y yo aquí ni pincho, ni corto, ni puedo decidir nada).
Un poco después, cuando la ridiculez de mi enfado disminuyó y pude disfrutar de esa maravilla llamada silencio, escribí un correo a Sordo (que no ciego) y al supremo con tres sugerencias de como solucionarlo y un "elegir una de estas o cualquier otra opción que se os occurra es exclusivamente asunto vuestro, pero necesito la decisión por escrito. Algo que Sordo ha aplaudido (se hubiese ahorrado cuerdas vocales con sólo escuchar...).
Mi lección del día es no tomar personalmente este tipo de discusiones, creo que es por eso por lo que me enfadé tanto conmigo misma, porque yo me la he llevado por meterme en un terreno no especificado en mis obligaciones laborales, y, encima que me meto a arreglarlo (esta es la actitud personal erronea, debía ser que pensé que era mi trabajo mediar en el asunto y me equivoqué), pues zas...
-la paya-
El contexto:
Anoche, mi compi Sordo (por ponerle un nombre) y yo recibimos un correo eletrónico del jefe supremo diciendo que tiene un problema y que agradecería que alguien arrojase alguna luz sobre el tema.
Mi reacción:
He leído el correo, lo he releído, he accedido a los documentos remitía, he comprobado que lo que decía era correcto y que el problema existe. A continuación he investigado quien es el responsable del problema (Sordo). A continuación he pensado cómo evitar, solucionar o minimizar el problema.
La reacción de Sordo:
Aparentemente, ninguna.
Dejo pasar un rato mientras hago algo más a ver si a) se me ocurre algo mejor o b) Sordo da señales. Nada (y nada quiere decir que ni lo uno ni lo otro). Me he desplazado hasta el sitio de Sordo y le he preguntado si había leído el correo y a continuación he intentado explicarle qué haría yo. Sordo (un nombre muy apropiado) no me ha oido, perdón, no me ha escuchado y lejos de dejarme terminar la explicación ha comenzado a decirme que si tal o que si pascual. He hecho un segundo intento resultando en el mismo tipo de argumentos. Bueno, en realidad no estoy segura del segundo tipo de argumentos, porque he sido yo la que ha desconectado la entrada de audio y he subido el volumen de mis pensamientos (esto no va a llegar a ningún lado). He intentado retirarme "me lo voy a pensar" y ha seguido arrojando sonidos (lo sé porque seguía moviendo los labios, yo seguía sin conectar el audio). Yo me he mantenido en mis trece otras dos veces más "me lo voy a pensar" (cada vez más enfadada conmigo mismo porque el problema lo tienen ellos, y yo aquí ni pincho, ni corto, ni puedo decidir nada).
Un poco después, cuando la ridiculez de mi enfado disminuyó y pude disfrutar de esa maravilla llamada silencio, escribí un correo a Sordo (que no ciego) y al supremo con tres sugerencias de como solucionarlo y un "elegir una de estas o cualquier otra opción que se os occurra es exclusivamente asunto vuestro, pero necesito la decisión por escrito. Algo que Sordo ha aplaudido (se hubiese ahorrado cuerdas vocales con sólo escuchar...).
Mi lección del día es no tomar personalmente este tipo de discusiones, creo que es por eso por lo que me enfadé tanto conmigo misma, porque yo me la he llevado por meterme en un terreno no especificado en mis obligaciones laborales, y, encima que me meto a arreglarlo (esta es la actitud personal erronea, debía ser que pensé que era mi trabajo mediar en el asunto y me equivoqué), pues zas...
-la paya-
miércoles, 7 de octubre de 2009
Corteza cerebral
Sí, porque hoy mi cerebro es sólo corteza, no tiene núcleo. No sé qué pasa... Por ejemplo, a la hora de la comida había un montón de conversaciones distintas a mi alrededor y mi oido ha dejado de ser selectivo. Lo oía todo... pero mi cerebro no lo procesa... un montón de palabras repitiéndose cual eco en el hueco vacío de mi corteza cerebral. Cada palabra tiene su significado, pero las palabras han perdido su interconexión, no forman frases y, por tanto no hay ningún contexto...
Además me he puesto a pensar en ello, porque me parecía extraño y mi jefe me ha hecho una pregunta. Le he pedido que me lo repitiera, lo cual hizo amablemente, pero la pregunta se convirtió, exclusivamente en unos ojos interrogantes, el resto eran palabras sueltas, repitiéndose cual eco en el hueco vacío de mi corteza cerebral...
Me ha vuelto a repetir la pregunta, esta vez incorporando palabras en español, preguntandose, supongo, si soy gilipollas. Entonces le he contado lo que me pasaba y deduzco que ha llegado a la conclusión correcta: efectivamente soy gilipollas.
-la paya-
Además me he puesto a pensar en ello, porque me parecía extraño y mi jefe me ha hecho una pregunta. Le he pedido que me lo repitiera, lo cual hizo amablemente, pero la pregunta se convirtió, exclusivamente en unos ojos interrogantes, el resto eran palabras sueltas, repitiéndose cual eco en el hueco vacío de mi corteza cerebral...
Me ha vuelto a repetir la pregunta, esta vez incorporando palabras en español, preguntandose, supongo, si soy gilipollas. Entonces le he contado lo que me pasaba y deduzco que ha llegado a la conclusión correcta: efectivamente soy gilipollas.
-la paya-
martes, 6 de octubre de 2009
Moralizandome a mí misma
Soy boba. Yo pensaba que no juzgo a la gente... ¡ay, ilusa de mí! Hoy se está celebrando una reunión de accionistas en mi empresa. Como somos pocos y la oficina no es muy grande, pues no hay forma de no coincidir con la plana mayor... pues bien, yo he cambiado mi hora del café para no coincidir con ellos, simple y llanamente porque son los ricachones... y esto no es sólo juzgar sino además prejuzgar, a alguno ya me lo había cruzado la otra vez que estuvieron aquí.
Yo sé que estoy exagerando, que la cosa no es tan terrible, que se junta con que ellos son los dueños de la empresa y yo una trabajadora normal y corriente y que aunque yo me cruce con ellos, me van a ignorar porque tienen muchas cosas en que pensar (entre las cuales, por supuesto no se incluye mi humilde persona -esto es sólo porque no me conocen, si me cononciesen no podrían pensar en ninguna otra cosa). Eso que no los discrimino porque sean ricachones sino por las circunstancias... (no soy yo señor juez, es la sociedad, que me impone costumbres).
Y así mientras escribo y pienso a la vez, me viene a la cabeza que a uno de estos me lo crucé una vez en la calle (en la calle de la oficina). Yo bajaba del autobús y él estaba en la misma acera, no sabiendo por dónde cruzar. Imaginad la escena, una calle en un pueblo, donde los únicos que van con traje son los que trabajan en la oficina local del banco de la esquina. En esta calle aparece un tipo de cincuenta y tantos con el pelo blanquísimo pero bien puesto, con un traje de los que te quedas mirando porque no has visto nunca (no sé cómo explicarlo, a mí todos los trajes me parecen iguales, pero cuando llega uno de estos que sigue siendo oscuro, pantalón y chaqueta sin estridencias, normal... pero que no es normal, que sabes que es diferente) y un maletín discreto, pero que también llama la atención... (parece que estoy inspirada en la tarea descriptiva...).
Y yo que bajo del autobús, lo veo y lo miro (porque está fuera de contexto). Miro a derecha e izquierda para comprobar el tráfico (porque hay que cruzar y no hay semáforo). Ya que miro a tantos sitios le vuelvo a mirar, porque parece super perdido. Él me ve, sabe que voy a cruzar. Yo (por supuesto, con vaqueros y sudadera) vuelvo al tráfico y otra mirada al paisano (con curiosidad, pensando que quiere ir al banco de la esquina). Al final cruzo, y el se aventura a la vez que yo... Paso el banco de la esquina, avanzo un poco más, llego a la puerta de la oficina que es de cristal y le veo detrás de mí... un minuto después aparece en la oficina me dice hola (y lo mismo con el resto de los presentes) y tras desaparecer el hombre, mi jefe me comunica que es uno de los accionistas y que hay junta en la oficina...
Yo no le dije esto a nadie, pero ahora me río, porque me estoy poniendo en la situación de su cerebro en ese momento, que no se atrevía a cruzar la calle porque es francés o suizo o qué sé yo y el taxi le dejó en el lado que no era... jejeje, se puede ser ricachón y amparo, jejeje. Siento la ida de olla, que no voy a releer antes de publicar, para que vayáis viendo cómo mi cerebro encadena pensamientos...
-la paya-
Yo sé que estoy exagerando, que la cosa no es tan terrible, que se junta con que ellos son los dueños de la empresa y yo una trabajadora normal y corriente y que aunque yo me cruce con ellos, me van a ignorar porque tienen muchas cosas en que pensar (entre las cuales, por supuesto no se incluye mi humilde persona -esto es sólo porque no me conocen, si me cononciesen no podrían pensar en ninguna otra cosa). Eso que no los discrimino porque sean ricachones sino por las circunstancias... (no soy yo señor juez, es la sociedad, que me impone costumbres).
Y así mientras escribo y pienso a la vez, me viene a la cabeza que a uno de estos me lo crucé una vez en la calle (en la calle de la oficina). Yo bajaba del autobús y él estaba en la misma acera, no sabiendo por dónde cruzar. Imaginad la escena, una calle en un pueblo, donde los únicos que van con traje son los que trabajan en la oficina local del banco de la esquina. En esta calle aparece un tipo de cincuenta y tantos con el pelo blanquísimo pero bien puesto, con un traje de los que te quedas mirando porque no has visto nunca (no sé cómo explicarlo, a mí todos los trajes me parecen iguales, pero cuando llega uno de estos que sigue siendo oscuro, pantalón y chaqueta sin estridencias, normal... pero que no es normal, que sabes que es diferente) y un maletín discreto, pero que también llama la atención... (parece que estoy inspirada en la tarea descriptiva...).
Y yo que bajo del autobús, lo veo y lo miro (porque está fuera de contexto). Miro a derecha e izquierda para comprobar el tráfico (porque hay que cruzar y no hay semáforo). Ya que miro a tantos sitios le vuelvo a mirar, porque parece super perdido. Él me ve, sabe que voy a cruzar. Yo (por supuesto, con vaqueros y sudadera) vuelvo al tráfico y otra mirada al paisano (con curiosidad, pensando que quiere ir al banco de la esquina). Al final cruzo, y el se aventura a la vez que yo... Paso el banco de la esquina, avanzo un poco más, llego a la puerta de la oficina que es de cristal y le veo detrás de mí... un minuto después aparece en la oficina me dice hola (y lo mismo con el resto de los presentes) y tras desaparecer el hombre, mi jefe me comunica que es uno de los accionistas y que hay junta en la oficina...
Yo no le dije esto a nadie, pero ahora me río, porque me estoy poniendo en la situación de su cerebro en ese momento, que no se atrevía a cruzar la calle porque es francés o suizo o qué sé yo y el taxi le dejó en el lado que no era... jejeje, se puede ser ricachón y amparo, jejeje. Siento la ida de olla, que no voy a releer antes de publicar, para que vayáis viendo cómo mi cerebro encadena pensamientos...
-la paya-
martes, 29 de septiembre de 2009
Consciencia
Este fin de semana lo he pasado a mis anchas, sin quedar con nadie y sin ir al cine, es decir, sin horarios. Por primera vez desde hace mucho tiempo me he despertado y me he quedado en la cama leyendo un libro; he cocinado primeros y segundos platos (a vosotros os parecerá lo más normal del mundo, pero yo casi he perdido ya la costumbre); me he echado la siesta un día, una de esas super pesadas de las que, una vez despierta, te impiden saltar del sofá y tienes que tirarte al suelo rodando a ver si consigues espabilar...
A lo que iba: he ido, he vuelto, he hecho y he deshecho a antojo desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la noche. Y tanto lo he disfrutado que no me quería ir a dormir el domingo para que no terminase... es cruel decirlo, pero es la cruel realidad. Yo sabía que en el momento en que me metiese en la cama, "mi libertad" se acababa y, lo que es peor, que cuando abriese los ojos iba ya a ser lunes...
-la paya irracional-
A lo que iba: he ido, he vuelto, he hecho y he deshecho a antojo desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la noche. Y tanto lo he disfrutado que no me quería ir a dormir el domingo para que no terminase... es cruel decirlo, pero es la cruel realidad. Yo sabía que en el momento en que me metiese en la cama, "mi libertad" se acababa y, lo que es peor, que cuando abriese los ojos iba ya a ser lunes...
-la paya irracional-
sábado, 12 de septiembre de 2009
Y va el Capitán pirata...
...Cantando alegre en la popa... Asia a un lado, al otro Europa ... y allá a su frente ... Estambul...
Pues eso que para una vez que me decido a viajar... mira qué cielos más bonitos tengo... en fin... y no deja de llover y estar nublo... pero qué le vamos a hacer...
De todas maneras, estoy encantada de estar en el límite entre Europa y Asia, tan pronto en un continente como en otro... es un lujo, la verdad... Sé que hacía que no escribía, pero es que entre unas cosas y otras no he podido (excusas)... a ver cuándo vuelvo a la normalidad y escribo algo más continuo...
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