¡Pero qué día! ¡qué día! Y empezó bien tempranito, a las 6.30 para ser exactos, hora en la que me desperté, en una habitación de hotel, con cierta sensación de... cómo decirlo... riada. Sí, el tampax hizo lo que pudo, pero vaya la que he liado.
Con este preludio ya se veía venir el desastre, ¿no? pues yo no, yo seguía en mis trece de que cambiar de país es lo mejor que te puede pasar en la vida y, por lo tanto seguía por la calle más feliz que una perdiz.
La noche anterior estuve escrutando la web en busca de la casa de mis sueños, bonita, barata, bien situada... hice una ruta y diseñé un plan de acción, por lo que esta mañana no tenía ninguna preocupación al respecto. Fui un rato a la oficina, ya empiezo a hilvanar cosillas y a empanarme un poco de lo que se traen entre manos, además tengo que hablar con unos y con otros para que cada uno me cuente lo que hace así que, ya de paso, conozco un poco a la gente y hay buen ambiente, y de momento hay más extranjeros que nativos. En la oficina me rodea mi burbuja particular, esa que me trae tanta suerte... ahora que al salir de allí, como llueve, pues se moja y ya no funciona, así que quedo sola ante el mundo real.
Bien, decidí irma a la otra punta del sur de Manchéster (que aquí no dicen Mánchester) para conseguir un mapa con las rutas de autobuses, lo que facilitaría enormemente mis movimientos en la búsqueda de alojamiento. Bueno, pues no había, que están agotados.
Como para estas cosas soy bastante previsora, ya había mirado las rutas que me llevaban a la zona que había elegido para comenzar la búsqueda así que me desplacé hasta allí. Lo que pasa es que me dí cuenta de que había llegado mi parada cuando ya estaba subiendo gente y el conductor cerró la puerta antes de que yo bajara y se dispuso a arrancar, contrariado porque yo no había apretado el botón solicitando la parada... puso cara rara, pero me dejó salir (gracias señor conductor).
Empiezo a resumir... He visto un piso de lo que anuncian como lo mejorcito de la ciudad, lujoso, dicen... ¡joder! ¡pero qué mal gusto! y encima es caro de cojones, claro y no está completamente amueblado... pero quería ir a verlo, por aquello de sentirme bien. Lo que conseguí fue pensar, si esto es lo mejor que tienen... ¿dónde acabaré yo?
Pasé por algunas otras agencias de la zona y me dieron un piso más para hoy y alguno más para mañana. En el de esta tarde no se ha presentado nadie... He cogido frío por pasarme todo el día en la calle, me duelen los pies de andar de un lado para otro, me he equivocado dos veces de autobús porque resulta que hay varias compañías de autobuses urbanos y cuando tú compras un billete para todo el día... pues sólo vale en los de la misma compañía, ¡claro!
Bien, pues cuando ya estaba llegando a casa... he intentado cruzar una carretera de dos carriles para cada sentido de la circulación, mirando hacia el lado que no era... llegué a dar un paso y medio, que tras pitada de vehículo, giro de tiempo y rápido retroceso, no llegó a tener mayores consecuencias... ejem, que ya se acaba el día, aunque si pienso lo positivo... mañana tengo 5 citas para ver pisos, ya os contaré
saludetes,
-la paya-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario