¿Qué cosas le pueden pasar únicamente a una amparo? pues os voy a contar dos o tres así, de una tirada. Hoy he estrenado el paraguas más bonito del mundo, uno preciosísimo que llegó desde España, uno que vi en una tienda, colgado de una puerta y que yo, pese a mi aversión hacia los citados instrumentos, no pude evitar comprar. Super bonito-bonitísimo. Después comprobé, con toda la tristeza del mundo -que a una amparo, le producen este tipo de cosas- que no me cabía en la maleta y que no me lo podía traer (y eso que probé a encajarlo en todas las diagonales posibles, incluidas las tridimensionales). Bueno, pues mis padres me mandaron un paquete, con el paraguas en cuestión y algunos otros objetos personales.
¿Cuánto tiempo llevo aquí? unas tres semamas. ¿Cuántos días ha llovido? prácticamente todos ¿Cuántos días lleva el paraguas conmigo? tres ¿cuántos días he tenido que esperar para sacarlo a la calle y estrenarlo? los tres.
Bien, como iba diciendo, hoy ha sido un gran día. Corrijo: el gran día (porque el día, en sí ha sido bastante lamentable), me he despertado con sonido de lluvia golpeando los cristales así que más feliz que una perdiz, tras ducha y desayuno, mi paraguas y yo salimos a la calle. ¡Cómo mola la lluvia, cómo me gusta! Creo que anduve unos 100 metros, 150 a lo sumo y dejó de llover. Bueno, pensé, aquí las nubes van y vienen todo el rato -de hecho se ríen de los meteorólogos españoles porque dicen que predecir el tiempo en un país donde siempre hace sol, no tiene ningún mérito-. Pues nada, que hoy ha brillado el sol todo el santo día, y por la noche, brillaban las estrellas, no os digo más.
-la paya-
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