viernes, 27 de febrero de 2009

El último día del mes

Ya sé que últimamente me fijo en cosas muy raras, pero... ¿no es raro que caiga en 28?

-la paya-

jueves, 19 de febrero de 2009

Lo que me suele cabrear


Haciendo cuentas ya hace 5 meses que estoy en este curso de formación. Ya hace algún mesecillo que ya estaba hasta las narices de tener 7 horas al día a alguien sentado a aproximadadmente un metro de mi o menos. Si además añadimos que esta persona tiene costumbres que hacen difícil la convivialidad, es todavía más desesperante.

Hoy precisamente ya me ha resultado imposible tragarme los 20 minutos restantes de curso. Las costumbres molestas de las que os hablo tienen que ver con el comportamiento de unos niños de clase de parbulario. Resulta que estos individuos tienen la capacidad de poder hablar en una lengua que es como el vasco, que ni por el contexto intuyes. Así que de vez en cuando y pensando que el resto del mundo que les rodea es gilipollas, se dedican a reírse del resto.

El resto es gilipollas ya lo había pensado yo, pero con ellos incluidos. Así que ni originales. Lo que pasa es que el mal gusto ya raya la mezquindad y con este emblema eligen un candidato que a veces soy yo u otras un compañero que aunque simpático, no ha hecho los méritos para ganarse su respeto.

Así empiezan la mañana con costumbres francesas de esas que te dan la mano y te dan los buenos días para acabar el día lanzando palabrostias en otras lenguas a diestro y siniestro. No es paranoia, que tenía que grabarlo en video y colgarlo aquí como prueba.

Ahora a las 23:45 sigo repasando mentalmente cada una de las veces en que he flipado un poco más e intento buscar una frase, algo! para arrearles un tortazo lingüístico y dejarles sentados. Por muchas veces que me lo haya dicho mi madre no me creo que un día alguien ya se encargará de ponerles en su sitio, que me sale la vena vengadora y lo único que quiero es hacerles de sufrir y de sufrir hasta que se queden de rodillas y pidan perdón.

Yo de mayor quiero ser superhéroe.

Los deberes, con lapicero

No sé por qué narices estoy tan activa pensando y dándole a la tecla, pero hoy me ha dado por pensar en lapiceros y, en establecer un vínculo entre mi forma de usarlos y mi actitud ante la vida. De hecho el lapicero puede ser un instrumento interesante de medida temporal. Sí, sí, temporal (y más cosas).

Como todos los niños españoles, yo empecé mi obra artística y colegial con plastilina, pero poco tiempo después me introdujeron en el maravilloso mundo de las ceras de colores, con las que pintaba todo tipo de obras. Una vez incluso decidí convertir las ceras en plastilina colocándolas, deliberadamente, sobre el radiador de la clase de párvulos (fui severamente castigada por la ocurrencia, que otros niños menos creativos trataron de repetir...). Mi habilidad en el uso de las pinturas se veía justificado cuando dejé de salirme de las rayas al pintar, pero no era fácil hacerlo con ceras y mi hermano hacía los deberes con lapicero. Algún día yo seré mayor y haré deberes con lapicero.

Cuando yo era pequeña el "tiempo" comenzaba en septiembre, cuando me daban un estuche nuevo para ir al cole (no era el estuche, necesariamente, lo que era nuevo, pero sí lo eran sus componentes internos). Llegó el día en que me hice mayor y en mi estuche apareció el tan deseado instrumento: el lapicero. En este momento de la historia es intrascendente qué tipo de deberes hacía. Lo que verdaderamente viene al caso es que cuando comenzaba un nuevo curso obtenía un nuevo lapicero.

Así pasé la vida (hasta el momento en que me instruyeron en el uso del bolígrafo), estrenando lapicero (y goma de borrar reluciente, con todas sus esquinas) a cada curso. Resumiendo: yo nunca llegué a terminar ninguno. Hace un año retomé la costumbre de escribir con lapicero en la oficina y estoy a punto de terminar el primero de mi vida. No sé si esto es bueno o malo, si se puede asociar al cumplimiento de responsabilidades, pero por ahí van los tiros de la entrada de hoy: hasta la fecha no he tenido nunca sobre mis hombros responsabilidad, y en contadas ocasiones he terminado las tareas que se me asignaron. Ya iba siendo hora de empezar a hacer deberes con lapicero, y los derechos, con plastidecor.

-la paya-

martes, 17 de febrero de 2009

Abejas


Desde que llegué a Manchester he visto que la abeja es, por algún motivo que desconocía, una especie de símbolo de la ciudad y no sabía muy bien por qué. He preguntado por activa y por pasiva y la respuesta más cercana fue: "puede que sea el movimiento cooperativo", que surgió en Manchester y, cuyo símbolo es una colmena... Hace más o menos un mes pillé un libro de postales de Manchester en la biblioteca pública. ¿Sabéis cuál era la primera postal? Pues ni más ni menos que el escudo de armas de la ciudad, en el cual hay... ¡abejas!

Un breve párrafo sugería que la abeja es símbolo de industralización. Es tan evidente una vez que te enteras, que parece increíble que no hayas sido capaz de sacar conclusiones por tí misma... En fin, la semana pasada (más o menos) salió este artículo en un periódico de por aquí así que os paso el enlace (pínchese aquí) por aquello de compartir conocimientos.

-la paya-

jueves, 12 de febrero de 2009

El ron

Brugal se está convirtiendo esta semana en mi mejor amigo. Lima exprimida, agua hirviendo, miel y ron justo antes de irse a dormir está sustituyendo al remedio casero de la abuela contra los catarros: leche calentita y cognac. Os vais a reir, pero es lo que mantiene a mis gérmenes a raya. Anoche fue el no va más, tal era la cantidad de mucosa acumulada en mis napias. Para más inri cometí el error (garrafal de Amparo) de tomarme un te calentito según me metía en la cama para comenzar a leer una enciclopedia biográfica de Franco que, no os lo perdáis se llamaba Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo.

Al grano: que no sé si por el té, por el libraco (tal era la excitación, porque lo reservé en una biblioteca cercana hace más de un mes y la nota de que estaba a mi disposición me llegó ayer. Con este grado de detalle no sé si llegaremos al final de la entrada), por los mocazos o qué pero no me podía dormir. Desesperada me levanté de la cama a eso de las 2:45 y decidí prepararme lo arriba citado (que había sustituido por el té, también calentito, pero que no cumplió los requisitos de los lingotazos de las dos noches anteriores), acompañado de una cosa que se llama "crumpets", que es una especie de crepe de unos dos centímetros de grosor y un diámetro de unos 8-10 centímetros, tostados y cubiertos primero con mantequilla, después con miel.

Mano de santo: vuelta a la cama con la taza en la mano, y diez minutos después de terminar el remedio (mientras miraba alguno de los caprichos de Goya, que también me tienen obsesionada) apoyé la cabeza en la almohada, cerré los ojos y dormí plácidamente hasta que el despertador hizo de las suyas.

-la paya-

miércoles, 11 de febrero de 2009

Pluviómetro móvil

Así es como me siento hoy porque creo que si hubiese colgado un bote de colacao abierto en mi bici, más o menos desde la mitad del recorrido (que es cuando empezó a llover) hasta la oficina, lo había llenado. ¡Madre del amor hermoso! ¡Qué manera de llover! Pero esta vez me ha pillado confesada, porque cayó otra tromba mientras desayunaba y me he enfundado los pantalones impermeables antes de salir de casa.

Nada mejor en esta vida que ser una amparo prevenida.

-la paya-

lunes, 9 de febrero de 2009

Estrés en el lugar de trabajo

Creo que ya entiendo por qué me aprecian en esta oficina y es por este caracter que tengo de hacer lo que creo que tengo que hacer (bien o mal ya es otra historia pero de momento no he metido la gamba hasta el fondo).

Y el caso es que estoy estresada por la cantidad de cosas que tengo en mi lista de quehaceres, pero que además parezco boba porque la empresa tiene otras prioridades y es otra la gente que debiera estar estresada y que, por ejemplo se pasó el viernes por la tarde jugando en la oficina a un jueguecito que hay en internet con pruebas de inteligencia, porque aquí somos todos muy listos, casi todos doctores y apenas hay cosas urgentes que hacer en una empresa en la que, o terminamos el puñetero programa y empezamos a venderlo o nos vamos todos a pique.

Hay otra persona en esta empresa de 15 que ha comenzado a hacer horas extras no remuneradas (yo no he llegado a ese extremo, dadas las circunstancias de los otros 13 que son, a fin de cuentas los responsables de que esta empresa salga o no adelante). Creo también que si sigo a este ritmo de estrés (aunque sea de 9 a 17), me van a terminar odiando porque sacar mi trabajo adelante significa que voy generando trabajo para otra gente que tiene que revisar, aprobar lo que hago... Así que voy a parar un retito la producción de la mañana que, con eso de estar contenta, genero mucho más de lo habitual, y eso que estoy malita, con la lengua toda blanca, los ganglios del cuello hinchadillos, con escalofríos por todo el cuerpo, tiesa de frío cual carámbano y generando un calor que me empieza a atacar el cabezón...

-la paya-

sábado, 7 de febrero de 2009

Arrasando

Parece que las nubes han levantado y mi sobrero de amparo vuelve a estar sobre mi cabeza. Lo que había perdodo durante estas semanas lo encontré ayer sin querer: la habilidad de reirme de mí misma. Y creo que es esto lo que me hace feliz y, al mismo tiempo me permite disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, que son las que, poco a poco forman el todo.

El jueves seguía yo cavalgando entre la tristeza y la dejadez cuando mi cuerpo habló y dijo: "cordero". Ni corta ni perezosa me fui a un libanés que hay cerca de la oficina y me metí un platazo de cordero con arroz de no sé qué tipo, pan libanés, guindillas y cebolla por 4.5 libras de esos que no se salta un gitano. No sé si ha sido eso lo que me ha dado toda la energía que ahora chorrea por todos mis poros, pero al día siguiente volví mágicamente a ser una amparo. De hecho me levanté por la mañana y en vez de pasar por la cocina para comprobar si hay café echo o no (maniobra diaria) me fui al salón y abrí la persiana... os parecerá una variación ridícula, pero justo después me duché y cuando llegué a la cocina y ya tenía la leche caliente, me di cuenta de que la cafetera estaba vacía... no os podéis hacer una idea de la mala leche que me entró. Después se me ocurrió la brillante idea de sumergir una bolsa de té en la leche resultando una especie de papilla blanca con sabor semi dulzón que mezclado con las galletas digestive... pues no constituyen el mejor desayuno que haya hecho en mi vida. Vamos, ni de lejos.

El caso es que cuando empezé a pedalear me entró la risa floja. ¿Cómo se puede ser tan amparo en la vida? y a partir de ese momento mis hormonas de la alegría empezaron a liberar la sustancia correspondiente y aún sigue así que, ¡que dure!

-la paya-

martes, 3 de febrero de 2009

Temporales

Esto ya está hecho. Aquí ya casi no quedan restos de nieve, por mucho que en Londres siga todo colapsado. Lo que sí queda son noticias, culpando a la nieve de cosas como que tres individuos sacaran un trineo a pasear por no sé qué parque y se lanzaran, estampándose contra una vaya (vaya que, todo sea dicho, impidió que fueran derechos al río). Y yo me pregunto ¿qué culpa tiene la nieve de que la gente no tenga dos dedos de frente?

Mirad yo -que hoy estoy modesta- qué prudente he sido yendo a trabajar en bicicleta (ejem... pero es que mi bici es de montaña y los accidentes les pasan a otros sólo, a mí no...), tomando las curvas a 5 pulgadas el minuto y las rectas a 6, con las dos manos bien agarradas al manillar, el culo bien pegado al sillín y la mirada al frente, viendo como los coches, que son mucho más pesados que una bicicleta, derrapaban a diestro y siniestro...

No me ha pasado nada, no preocuparse. Salí de casa con la bici en la mano, tanteando con los pieses, en caso de que tuviera que ir andando a la oficina (porque no me subo en un bus en esas condiciones, ni de coña). La nieve estaba blandita, que no congelada así que decidí subirme. En la primera esquina -a escasos 5 metros de la puerta de mi casa- el coche que iba delante de mí (también a velocidad de caracol con cadenas y en la misma dirección que yo) hizo el primer derrapaje... pero yo llevaba distandia de seguridad y el corazón en un puño así que no hubo ni siquiera un "¡uy!". Después de un rato viendo derrapajes ajenos (todos sobre cuatro ruedas) empezó a hacerme gracia la cara de los conductores acongojados por eso de verme, claro está, reflejada en el estado su pánico: conductores agarrados al volante y yo agarrotando mis manos alrededor del manillar... y a partir de ahí, buen humor y pedalada lenta, pero segura.

-la paya-

lunes, 2 de febrero de 2009

Influencias

Una amiga me dijo una vez que la vida es como una calle por la que pasas. En ella te cruzas con gente. Unos son conocidos, otros no. A unos los miras, a otros no. A veces te paras a saludar a alguien, otras saludas sobre la marcha. Alguna gente pasa inadvertida, otra no. En ocasiones acabas tomándote unas cañas con la gente con la que te cruzas. En la vida también pasa mucha gente a tu alrededor. Unos son conocidos, otros no...

Por otro lado está el hecho de que los seres humanos normales, es decir, la gente común y corriente, la que no tiene habilidades extraordinarias, aprendemos repitiendo. Es una costumbre que tenemos desde niños. Vemos y repetimos. Este hecho hace que nuestra personalidad sea una mezcolanza de trozos de personalidad de esa gente con la que nos cruzamos. Unos más y otros menos, cada uno en su medida, pero somos influidos por la gente que nos rodea (al menos yo soy altamente influenciable y repito frases, gestos, uso el mismo tipo de zapatillas, etc.)

El misterio de todo esto es cómo se realiza esa elección. Porque con el tiempo aprendes a reconocer los patrones que has ido imitando y los que a fin de cuentas te gustan y acoges, pero es difícil establecer las causas.

Sin embargo hay otra cuestión que tiene ligera relación con ésta y en la que llevo varios días pensando (lo anterior me ha salido de modo introductorio). La pregunta es: ¿cómo y cuándo recordamos a una persona? Hay compañeros de clase, de canza, vecinos de antiguas casas, amigos de amigos con los que alguna vez llegaste a tomarte una caña, camareros, dependientes, compañeros de trabajo, clientes, azafatas, revisores. Gente que va y viene. En ocasiones te preguntas qué será de tal o de Pascual. Algunas de esas veces tomas acción e inicias investigaciones. En el resto de ocasiones la pregunta queda en el aire. Otras veces la noticia llega a tí sin más: "Fulanito se ha casado" "¿quién?" "uno que tal y cual, ¿te acuerdas?" "¡ah, sí! ¿en serio?". Ese tipo de noticias sobre "el pasado" son más difíciles de olvidar. Ahora el nombre de fulanito estará ligado a su boda (a la que nunca asististe).

Curioso, ¿no? Pues ahora llega lo más espectacular: si la noticia está asociada a una tragedia, el asunto trasciende y pasa a ser parte de tu memoria (vivida o no vivida). "¿Te acuerdas de Antoñito, con el que jugabas en el barrio de pequeña? Pues se cayó de un remolque y está en una silla de ruedas". Si la noticia fuese otra: que está trabajando en Castellón, ni el mayor sacrificio haría que ese personaje con el que aprendiste a andar en bicicleta cuando tenías cuatro años se vuelva a pasear por tu mente. Pero la noticia es trágica y, por algún motivo que no logro entender (habrá que estudiar lo que es un shock o algo así), genera un recuerdo inducido de tu primer compañero de pedaladas y lo ensalza a un nivel de importancia tal que nunca llegó a suceder... o quizá sucedió pero nunca llegaste a reflexionar sobre ello y esto es lo que más me inquieta de toda esta entrada: ¿nunca apreciamos lo que tenemos hasta que lo perdemos? ¿es esto realidad o ilusión? ¿es nuestra mente la que genera esta pérdida sobrenatural?

-la paya-