viernes, 11 de enero de 2008

Gente

En la vida de un ser humano, la gente que le rodea es importante. Es fundamental en mi vida, es la gente la que me da vida (y mis pequeños ratos de egoismo, claro). Es ahora que me enfrento de nuevo a un cambio de localización, cuando más echo de menos el calor humano. Y no es que mis nuevos compañeros de trabajo sean fríos, todo lo contrario, tienen un montón de detalles conmigo (algunos de los cuales probablemente especifique en el prósimo párrafo), pero empezar de nuevo de cero, es complicado. Supongo que es algo que se acrecenta con la edad, y cuando dejas un nido hecho y bien hecho a base de aposentar el culo en él...
Bueno, pues además creo que tus compañeros de trabajo son importantes ya que, al fin y al cabo es donde pasas buena parte de la jornada y si el ambiente ahí no es bueno... ¿con qué fuerzas te enfretas a la vida real (aún más real, si cabe)?
Sigo pensando que vivo en una burbuja muy particular (aunque a veces se moje y no funcione igual) y tengo bastante suerte en este y otros aspectos de mi -por otro lado, un poco desastrosa- vida. Hace muchos años pertenecí -y sigo perteneciendo, por cierto, a un grupo de astronomía en el que las relaciones con la gente eran geniales, encajé como un guante. Mucho después, cómo no, cambiando de emplazamiento, llegaron unos compañeros de trabajo estupendísimos y ahora no sé cómo va a ser la historia, pero el ambiente es bastante bueno. Las cosas son claras, no hay nadie -al menos en apariencia- que pretenda esconder nada y la gente, simplemente, es quien es, o al menos esas son mis impresiones en los 3 días que llevo aquí. Hoy he ido ha cenar con el presidente de la empresa, un suizo, afincado en Estados Unidos y casado con una peruana, un compañero de trabajo holandés y la mujer de éste. El ambiente ha sido tal que, aunque se ha tratado algún temilla referente al trabajo (no hay que olvidar que es lo que tenemos en común) parecía más una reunión de amigos en un bar que ninguna otra cosa. ¡Incluso hemos pedido una segunda ronda de pintas (que aquí son pintas)!
y todo así, de tú a tú. ¡Veremos qué nos depara el paso del tiempo!

-la paya-

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