viernes, 24 de octubre de 2008

Detalles de "América"

Probablemente nunca llegue a tener toda la información que necesito para escribir algo objetivo así que voy a dejar unas líneas muy subjetivas sobre mi visión de Estados Unidos. Entiéndase además que es como las postales del tío Matt, en los Fragels, donde se observa un hecho y se generaliza todo lo demás hasta llegar a ser absurdo para aquel que conoce la realidad.

Los hechos: he estado casi cuatro días en Boston, estado de Massachusetts, Estados Unidos, es decir, en la costa atlántica (más cercana a Europa), el estado de más arriba, que hace frontera con Canadá. Otro hecho es que vine a una especie de congreso y no he tenido mucho tiempo para deambular a gusto. Eso sí, no he perdido el tiempo, me duelen los pies de patear por aquí y por allá: caminar, ver, mirar, procesar información, generalizar y ya os digo, sacar conclusiones equivocadas. Y que esto lo he ido escribiendo a retazos en el hotel, en el aeropuerto, y algún rato (que no he tenido muchos) por aquí. Lo digo sobre todo porque encontraréis tiempos verbales extraños y que no son consistentes con el resto del texto, que paso de arreglarlo, que ya es suficientemente largo esto.

Lo primero que me llamó la atención fue la vista de la ciudad desde el avión, porque el aeropuerto está como en una isla (recomendado echar un ojo a algún mapa) y se ve todo muy de cerca. La vista en cuestión contenía un montón de árbloes (que después no he sido capaz de encontrar) y concasas y edificios (moles y no tan moles) construidas entre ellos, y el mar... porque está a nivel del mar. Nada más bajar del avión (inmenso), en el pasillito que te deja físicamente en el aeropuerto: moqueta, aunque a esto ya estoy acostumbrada. Unos pasos más y al salir del túnel ese... bandera al canto. No creáis que era una bandera estadounidense corriente, no, era tamaño familiar y de lujo, con las estrellas bordadas sobre la tela. A continuación el control de inmigración. Desembocamos en una sala inmensa pero muy organizada con muchos mostradores así que la cola avanzaba deprisa, a pesar de los pesares.

Ya en el avión tuve que rellenar un papel gris, como todo el mundo, americanos incluidos, especificando el valor de las pertenencias que iba a dejar en el país (yo no he dejado nada, bueno, igual algún pelo que se me haya caído). Y después un visado o, más bien, solicitud de entrada, que consiste en un cuestionario en el que te preguntan si has sido arrestado alguna vez por delitos de sangre, violación o violencia en general; si has sido arrestado más de dos veces por robo o algún otro concepto; si has cometido delitos a pesar de no haber sido arrestado debido a tu inmunidad diplomática; o si eres espía o solicitas asilo político. Cuando llegas a la caseta correspondiente para el control, le entregas al policía tu pasaporte y los papelitos. Él echa un ojo y te pregunta de dónde vienes, cuánto tiempo vas a estar, a qué has ido y cuánto dinero (dólares) llevas encima. A continuación te toman las huellas digitales (en todos los sentidos: digitales de tus dígitos y digitales por el sistema electrónico que usan para digitalizar el escáner de tu piel). Todos los deditos: los cuatro de la mano izquierda, el pulgar izquierdo, los cuatro de la mano derecha, el pulgar derecho. Y además con foto. ¡Ah! También te preguntan si has estado antes en el país. Me graparon parte del visado en el pasaporte y me estamparon un sello de entrada (también en el pasaporte, no en la cara).

Para cuando terminé de responder a las preguntas (que no interrogatorio) y recorrí parte del aeropuerto hacia la sala de equipajes ya había maletas saliendo. Recogí mi mochila de acampada y fui al control de equipajes. Me costó un rato enterarme de que necesitaba otra vez el papel gris que rellené en el avión y que con tanto esmero había guardado ya en uno de los bolsillos interiores de la mochila... Luego el hombre vio que no tenía yo nada que declarar (lo ponía en el papel gris), me preguntó si ese era todo mi equipaje y me deseó un buen día.

Siguiente paso: taxi al hotel, que después de 12 horas de viaje y sin saber dónde tenía que ir ni cómo llegar... pues lo que sea. Creo que no me engañó mucho. Ya en la recepción del hotel, mientras rellenaba mis papeles, un grupo de españolas trataba de hacerse entender por un recepcionista muy simpático y servicial. No quise meterme al principio, pero cuando noté que tenían más dificultades de las que querían, me presenté como española y me ofrecí a echar un cable en la traducción (siempre dejando que fueran ellas las que decidiesen si lo habían entendido o no). al final pregunté si habían cenado ya y si les importaba que me uniese a la comitiva. Ningún problema y resultó un grupo de majetonas. No os voy a contar sus aventuras porque no viene al caso pero las compartieron conmigo amén de alguna que otra preocupación.

Lo siguiente que me llama la atención en Boston es el tamaño de los edificios (no me quiero ni imaginar lo que tiene que ser Nueva York) y de las calles, que deberían llamarse avenidas casi todas, exceptuando algún callejón (literal) entre mole y mole de ladrillo (que no de cristal; junto a esos no hay callejones sino avenidas). También me dio sensación de seguridad, hay gente por las calles de día y de noche - lo más tarde que he caminado es alrededor de la media noche- La gente camina con naturalidad, nadie te mira como si vinieses de otro planeta y no te consideran extranjero (hasta que abres la bocaza y lo demuestras). en tres días me han preguntado por calles o tiendas en dos ocasiones (una de cada, y la tienda supe señalársela con el dedo: "¡esa es!"). si te sientas en un banco en el que ya hay alguien te dan los buenos días, si mantienes la mirada sobre alguien que camina entre la multitud o sale de algún edificio también te saludan. Te dejan paso, te saludan en las tiendas, te responden cuando das las gracias, son educados. Además las calles están limpias, se ven ciclistas y la gente cruza las calles también cuando los semáforos están en rojo.

Los precios de las tiendas y la comida (sin que haya visto más supermercado que una "farmacia") no son desorbitados (por supuesto todos conocemos tiendas de moda que no satisfacen la norma). Se come bien por 15 dólares, es decir, unos 9 aurelios. El alcohol es caro en general: tres euros la caña y te piden el pasaporte al entrar en el bar, independientemente de que pidas o no alcohol. La ropa es normal y he visto alquileres de pisos en la zona pija de la ciudad por 700 euros (desconozco condiciones, número de habitaciones, etc). Tampoco sé cuál es el sueldo mínimo.

Otra cosa que me llama la atención es que cuando vas a comer a un restaurante, tienes que coger una mesa un poco más grande que el número de comensales y dejar un par de sillas vacías (como decían las españolas). Una de ellas está reservada para los impuestos, que no están incluidos en el precio, y la otra es para la propina, aproximadamente el 20% del total; en algunos sitios lo especifican: por favor tenga en cuenta que la propina no está incluida y corresponde al 18% del total".

Cuando pagas con uno o varios billetes has de especificar que quieres la vuelta, de otra forma lo que dejes es considerado propina, aunque en algunos sitios, antes de ver lo que has dejado te preguntan li quieres vuelta y tú has de especificar la cantidad que esperas te sea devuelta. Eso sí, se asume también que si no pides nada de beber te ponen agua fría, con hielo y del grifo (y a mí esto me parece maravilloso).

Otro día que llovió a cántaros entré en un bar a tomarme un café. El sitio era bastante pijo, pero no estaba la tormenta como para andar eligiendo. Me pusieron una taza de café y cuando estaba casi vacía se la llevaron y ¡me la devolvieron llena! (dos euros y, como en las películas, te ponen café hasta que te vayas.

Los coches alargados de las películas, los semáforos al otro lado del cruce, limusinas aquí y allá, etc. pero no todo es el paraíso. La tierra de las oportunidades también tiene sin techo y no son pocos. Los ves de día y de noche, solos o en grupos y algunas papeleras que he visto (sobre todo en parques) parecen estar especialmente diseñadas para que no se pueda sacar nada de ellas una vez que ha entrado.

Entre las españolas había alguna fumadora que estaba muy decepcionada con un hecho: que en Estados Unidos es imposible fumarte un cigarro mientras te tomas una cerveza porque está prohibido fumar en los bares (y esto incluye la terraza) y también está prohibido beber en la calle. Háganse cuantas combinaciones se quieran...

Luego está también el tamaño de los ciudadanos, acorde con la ciudad: inconmensurable. No quiero insistir tampoco en el tamaño y la cantidad de banderas nacionales. Hace tiempo corría el rumor de que si sacabas una bandera americana en tu película te subvencionaban una parte... creo que es harto complejo sacar una foto panorámica sin que salga al menos una.

Otros fenómenos: el puerto no huele a mar, de las alcantarillas sale a veces una especie de vapor; los bares tienen banquetas en toda la barra. Si te sientas en la barra, por el simple hecho de hacerlo, autorizas a todo hijo de vecino a que te hable y esta vez no me enteré a la tremenda, sino que entré en un restaurante a cenar (yo sola, claro) y el camarero me preguntó si quería compañía, momento en el cual yo arqueé mucho las cejas, abrí mucho los ojos, incliné un poco la cabeza para dar aún más síntomas de incredulidad y, educadamente, pregunté: "¿perdón?". Entonces el hombre (creo que a medio camino entre la sorpresa y la carcajada) señaló detrás de mí y me preguntó si prefería ocupar un sitio en la barra y disfrutar de la compañía de otra gente ahí sentada. Yo me lo pensé un microsegundo, agradecí la propuesta y solicité una mesa cerca de una ventana, muchas gracias.

También he visto, a base de patear, lo que he visto en películas y oído en canciones tantas veces: los autobuses escolares amarillos, los "cuarteles" de la "Salvation Army", residencias especiales para los veteranos de guerra, las escaleras de incendios negras de metal en edificios de ladrillo (de esas que puedes usar desde fuera), mogollón de tiendas religiosas de todo tipo: metodistas, budistas, cientólogos, etc. (la zona en la que encontré varias de estas seguidas no me ofrecía la seguridad de pararme a curiosear el escaparate así que seguí caminando). También vi los autobuses de largo recorrido, camiones con "morro" en el centro de la ciudad, etc. Por cierto que el transporte público no parece muy eficiente... quizá eso se refleje también en las pelis, en las que casi todo el mundo va en coche a todos lados.

Bueno, esto sucedió hace casi un mes, pero lo que todos queréis saber es que pasé un buen rato y sí, volvería, a por más historietas que contaros y algo con que contrastar la información.

-la paya-

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