No sé por qué narices estoy tan activa pensando y dándole a la tecla, pero hoy me ha dado por pensar en lapiceros y, en establecer un vínculo entre mi forma de usarlos y mi actitud ante la vida. De hecho el lapicero puede ser un instrumento interesante de medida temporal. Sí, sí, temporal (y más cosas).
Como todos los niños españoles, yo empecé mi obra artística y colegial con plastilina, pero poco tiempo después me introdujeron en el maravilloso mundo de las ceras de colores, con las que pintaba todo tipo de obras. Una vez incluso decidí convertir las ceras en plastilina colocándolas, deliberadamente, sobre el radiador de la clase de párvulos (fui severamente castigada por la ocurrencia, que otros niños menos creativos trataron de repetir...). Mi habilidad en el uso de las pinturas se veía justificado cuando dejé de salirme de las rayas al pintar, pero no era fácil hacerlo con ceras y mi hermano hacía los deberes con lapicero. Algún día yo seré mayor y haré deberes con lapicero.
Cuando yo era pequeña el "tiempo" comenzaba en septiembre, cuando me daban un estuche nuevo para ir al cole (no era el estuche, necesariamente, lo que era nuevo, pero sí lo eran sus componentes internos). Llegó el día en que me hice mayor y en mi estuche apareció el tan deseado instrumento: el lapicero. En este momento de la historia es intrascendente qué tipo de deberes hacía. Lo que verdaderamente viene al caso es que cuando comenzaba un nuevo curso obtenía un nuevo lapicero.
Así pasé la vida (hasta el momento en que me instruyeron en el uso del bolígrafo), estrenando lapicero (y goma de borrar reluciente, con todas sus esquinas) a cada curso. Resumiendo: yo nunca llegué a terminar ninguno. Hace un año retomé la costumbre de escribir con lapicero en la oficina y estoy a punto de terminar el primero de mi vida. No sé si esto es bueno o malo, si se puede asociar al cumplimiento de responsabilidades, pero por ahí van los tiros de la entrada de hoy: hasta la fecha no he tenido nunca sobre mis hombros responsabilidad, y en contadas ocasiones he terminado las tareas que se me asignaron. Ya iba siendo hora de empezar a hacer deberes con lapicero, y los derechos, con plastidecor.
-la paya-
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