Haciendo cuentas ya hace 5 meses que estoy en este curso de formación. Ya hace algún mesecillo que ya estaba hasta las narices de tener 7 horas al día a alguien sentado a aproximadadmente un metro de mi o menos. Si además añadimos que esta persona tiene costumbres que hacen difícil la convivialidad, es todavía más desesperante.
Hoy precisamente ya me ha resultado imposible tragarme los 20 minutos restantes de curso. Las costumbres molestas de las que os hablo tienen que ver con el comportamiento de unos niños de clase de parbulario. Resulta que estos individuos tienen la capacidad de poder hablar en una lengua que es como el vasco, que ni por el contexto intuyes. Así que de vez en cuando y pensando que el resto del mundo que les rodea es gilipollas, se dedican a reírse del resto.
El resto es gilipollas ya lo había pensado yo, pero con ellos incluidos. Así que ni originales. Lo que pasa es que el mal gusto ya raya la mezquindad y con este emblema eligen un candidato que a veces soy yo u otras un compañero que aunque simpático, no ha hecho los méritos para ganarse su respeto.
Así empiezan la mañana con costumbres francesas de esas que te dan la mano y te dan los buenos días para acabar el día lanzando palabrostias en otras lenguas a diestro y siniestro. No es paranoia, que tenía que grabarlo en video y colgarlo aquí como prueba.
Ahora a las 23:45 sigo repasando mentalmente cada una de las veces en que he flipado un poco más e intento buscar una frase, algo! para arrearles un tortazo lingüístico y dejarles sentados. Por muchas veces que me lo haya dicho mi madre no me creo que un día alguien ya se encargará de ponerles en su sitio, que me sale la vena vengadora y lo único que quiero es hacerles de sufrir y de sufrir hasta que se queden de rodillas y pidan perdón.
Yo de mayor quiero ser superhéroe.
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