lunes, 2 de febrero de 2009

Influencias

Una amiga me dijo una vez que la vida es como una calle por la que pasas. En ella te cruzas con gente. Unos son conocidos, otros no. A unos los miras, a otros no. A veces te paras a saludar a alguien, otras saludas sobre la marcha. Alguna gente pasa inadvertida, otra no. En ocasiones acabas tomándote unas cañas con la gente con la que te cruzas. En la vida también pasa mucha gente a tu alrededor. Unos son conocidos, otros no...

Por otro lado está el hecho de que los seres humanos normales, es decir, la gente común y corriente, la que no tiene habilidades extraordinarias, aprendemos repitiendo. Es una costumbre que tenemos desde niños. Vemos y repetimos. Este hecho hace que nuestra personalidad sea una mezcolanza de trozos de personalidad de esa gente con la que nos cruzamos. Unos más y otros menos, cada uno en su medida, pero somos influidos por la gente que nos rodea (al menos yo soy altamente influenciable y repito frases, gestos, uso el mismo tipo de zapatillas, etc.)

El misterio de todo esto es cómo se realiza esa elección. Porque con el tiempo aprendes a reconocer los patrones que has ido imitando y los que a fin de cuentas te gustan y acoges, pero es difícil establecer las causas.

Sin embargo hay otra cuestión que tiene ligera relación con ésta y en la que llevo varios días pensando (lo anterior me ha salido de modo introductorio). La pregunta es: ¿cómo y cuándo recordamos a una persona? Hay compañeros de clase, de canza, vecinos de antiguas casas, amigos de amigos con los que alguna vez llegaste a tomarte una caña, camareros, dependientes, compañeros de trabajo, clientes, azafatas, revisores. Gente que va y viene. En ocasiones te preguntas qué será de tal o de Pascual. Algunas de esas veces tomas acción e inicias investigaciones. En el resto de ocasiones la pregunta queda en el aire. Otras veces la noticia llega a tí sin más: "Fulanito se ha casado" "¿quién?" "uno que tal y cual, ¿te acuerdas?" "¡ah, sí! ¿en serio?". Ese tipo de noticias sobre "el pasado" son más difíciles de olvidar. Ahora el nombre de fulanito estará ligado a su boda (a la que nunca asististe).

Curioso, ¿no? Pues ahora llega lo más espectacular: si la noticia está asociada a una tragedia, el asunto trasciende y pasa a ser parte de tu memoria (vivida o no vivida). "¿Te acuerdas de Antoñito, con el que jugabas en el barrio de pequeña? Pues se cayó de un remolque y está en una silla de ruedas". Si la noticia fuese otra: que está trabajando en Castellón, ni el mayor sacrificio haría que ese personaje con el que aprendiste a andar en bicicleta cuando tenías cuatro años se vuelva a pasear por tu mente. Pero la noticia es trágica y, por algún motivo que no logro entender (habrá que estudiar lo que es un shock o algo así), genera un recuerdo inducido de tu primer compañero de pedaladas y lo ensalza a un nivel de importancia tal que nunca llegó a suceder... o quizá sucedió pero nunca llegaste a reflexionar sobre ello y esto es lo que más me inquieta de toda esta entrada: ¿nunca apreciamos lo que tenemos hasta que lo perdemos? ¿es esto realidad o ilusión? ¿es nuestra mente la que genera esta pérdida sobrenatural?

-la paya-

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