Yo ya sabía que era absurdo ir al médico para preguntar porqué he perdido nosecuantos kilos desde que me vine a este país sin poder proporcionar al facultativo en cuestión ninguna pista para comenzar la búsqueda de la causa. Por que la medicina no es una ciencia exacta y se basa en síntomas, si tú no sabes cuales son los tuyos, es difícil relacionarlos con una causa y menos aún con una solución.
La observación es el secreto, tu cuerpo te dice cuando está bien y cuando no y el mío está débil y eso tiene que estar relacionado con el hierro así que a observar. No he cambiado mi dieta ni la abundancia de las raciones diarias (el horario sí, pero no sé hasta que punto puede influir). No tengo estrés, no hago deporte (es decir, no consumo mucha energía). Esto fue todo lo que pude decirle al médico cuando fui, allá por el mes de octubre. Me hicieron unos análisis y todo salía normal, el hierro un poco bajo, pero dentro de los límites normales (esto también ha sido así siempre).
Hice grandes esfuerzos (más bien antinaturales) para recuperar el peso comiendo variado y lo de siempre, pero mucho más. Al final mi cuerpo se quejó y llegó a un estado de saciedad completa, como cuando te empachas y no puedes comer más en muchas horas, pero aumentado así que volví a mis cantidades normales (que ya de por sí son abundantes) y el resultado ha sido comprobado hoy mismo, sigo perdiendo peso. Como hoy estoy débil, pues le he vuelto a dar vueltas al tema del hierro y he estado buscando los alimentos que tienen hierro, que si hierro hemo, que si no hemo; los alimentos que favorecen la absorción del hierro no hemo (que parece que el cuerpo humano tiene más dificultad para asimilar) y entonces me he dado de bruces con algo con lo que no contaba: los alimentos que perjudican la asimilación del hierro.
La sustancia mágica se llama tanino y se me ha encendido la bombilla, con una cancioncilla interna estilo Tamariz: "tanino-nino-ni". Adivina adivinanza: qué no tomaba antes, que ahora sí tomo (practicamente a diario) y que contiene taninos. La respuesta ha sido inmediata y muy corta: té. No es necesario que termine esta entrada ni con moraleja ni con conlusiones, pero voy a probar a volver a mi mundo desteinado (si no funciona, tendré que seguir pensando...).
-la paya-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario