¿Hasta dónde? No tengo una respuesta para la generalidad de los habitantes del planeta, pero la de esta amparo ha llegado al borde del infartito... Una de esas veces que ves algo que no encaja y te asustas tanto que el corazón sobresale tres metros de tu esternón para bombearte toda la sangre al cerebro para que se te pasen por la cabeza las mayores atrocidades posibles...
¿Sabéis que vivo en un bajo? pues normalmente dejo las persianas (estilo veneciano) abiertas durante el día de modo que se ve perfectamente el interior. Además vivo en una esquina, al comienzo de una calle así que la primera ventana que se ve, es la de mi salón. Bien, pues hoy me he ido al cine a ver una película sobre profesores y alumnos adolescentes, nada violenta, vamos. El caso es que me he bajado del autobús ya de noche, he llegado a la esquia en cuestión, he mirado por la ventana de mi salón y he visto el interior: había un tío dentro, sentado en mi mesa.
En un microsegundo (que es lo que ha durado el infartito) ha sucedido todo lo anteriormente descrito y al mismo tiempo, mi cerebro racional ha repasado todos los elementos de la imagen tomada con la que había en mi salón antes de que yo saliera de casa, llegando a la conclusión (afortunada de mí) de que lo que había en mi salón no era más que un libro apoyado sobre un atril de lectura. ¡Ay que joderse! entonces he vuelto a mirar, y mis ojos han confirmado la situación, no hay ningún tipo de peligro y, desde la ventana hasta la puerta de casa habrá escasos tres metros, pero durante el recorrido me he cabreado un montón conmigo misma (ya hay que ser...). Y nada después he abierto el frigorífico y he observado que la botella de leche que compré esta mañana no estaba ahí, lo que quería decir... que seguía en la alforja de mi bici... y me he puesto a escribir, ya con humor para reírme de lo estúpida que puedo llegar a ser.
-la paya-
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