Ese es su nombre, trabaja en la oficina y es una especie de portero que guarda un poco el edificio. Llega a las 6 de la mañana y lo abre, limpia un poco, da los buenos días a todo el que llega antes de las 8 y, a continuación se va a casa, hasta las 4 de la tarde, hora a la que vuelve a trabajar, hasta las 7, para cerrar el edificio.
Bill sabe todos y cada uno de nuestros nombres, si la bicicleta con la rueda deshinchada es la tuya, que el coche que está erróneamente aparcado en nuestros espacios es de una visita de la oficina de arriba o el gran jefazo de la de enfrente, que siempre lo hace a mala leche porque así su coche está más cerca de la puerta. Bill sabe la gente que queda en la oficina cuando tú sales, dónde vivimos, conoce, por referencias a nuestras familias, siempre habla contigo, te pregunta cosas, te cuenta cosas.
Bill tiene un uniforme negro, pantalón negro con diversos bolsillos en los laterales, polo negro con el logotipo rojo de la empresa, forro polar negro, botas negras cinturón negro, Bill recoge la basura, pasa todos los miércoles por todas las oficinas para decir que va a hacer saltar la alarma de incendios, que hay que probarla una vez a la semana, etc.
Hoy, al salir de la oficina, Bill estaba vestido de negro, pero de otra forma, con un elegante traje negro y una corbata roja. He ido a saludarle, ¡cómo no! y me ha dicho que esta semana está haciendo además una sustitución para la misma empresa, pero de recepcionista en otro edificio, que se está haciendo rico, te dice, ganando más dinero. Que igual tiene que hacerlo otra vez el mes que viene, pero tres semanas en vez de una.
Bill está contento y yo un poco triste. Esta semana va a trabajar 11 horas diarias: de 6 a 8, de 10 a 12 y de 13 a 19, con media hora para cambiar de edificio entre las 15.30 y las 16. Pensaréis que no es para tanto. Bill pasa la mayor parte del tiempo hablando con la gente, pero nunca descuida su trabajo, nunca encontrarás una mota de polvo, nunca una mala palabra, siempre una sonrisa amable. A Bill le gusta estar con gente porque vive solo, con su perro como única compañía, y la gente en los pasillos... Bill adora tener que venir a la oficina cuando hay un electricista o un pintor, no porque tenga que aspirar la moqueta, sino porque sabe que siempre tardan, y le pagan horas extras.
Bill está contento cuando hace horas extras, cuando tiene que trabajar más, y yo un poco triste... porque el día once de diciembre Bill cumple setenta y tres años.
-la paya-
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Bill es una buena historia tiene buen ritmo y se lee de un tirón, Amparo! mis felicitaciones!.
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