viernes, 18 de julio de 2008

Prueba superada

Lo he conseguido: comprarme algo para reproducir CDses y canjear mi vale en la tienda de segunda mano donde empezó toda esta historia. El cacharro no es para tirar cohetes, de hecho me está decepcionando cada vez más y ayer hizo un amago (pese a ser nuevo) de no leerme un CD... así que está en período de observación cuidadosa. En cuanto a la tienda de segunda mano, he pillado, por exactísimo precio del vale una cámara fotográfica compacta así que en breve empezaré a tomar fotografías y a crear álbunes en alguna página que os haré llegar de manera personalizada, por aquello de que esto es un blog anónimo con nombre ficticios como el del señor Canuto... (hay que joderse, menuda historia). Conste que el primer disgusto me lo llevé cuando llegué a casa y descubrí que no funcionaba el flash. Después le concedí el beneficio de la duda, puse pilas nuevas (bueno, bien cargadas) y ¡magia! Ahora tengo que comprar una tarjeta de esas para poder almacenar mis afotos y pasarlas al ordenata y tal.

No puedo terminar la entrada sin el anecdotario del día que ha sido más o menos largo, porque ayer estuve muy triste, pero mucho mucho, como hace tiempo que no recuerdo haber estado así, de hecho me costó dios y ayuda levantarme de la cama y el día en sí no lo mejoró mucho, pero hoy he vuelto a mis amparadas habituales:
Empezamos en la cocina de mi empresa en la que Eva se estaba preparando un café con leche en la cafetera express. Lo del café solo, lo tengo más que dominado y el secreto está, por supuesto en conseguir que todo esté a altas temperaturas, pero la leche hay que calentarla usando el cacharito de vapor, como en los bares. Así que nada, sudores fríos para sujetar el vaso con una mano y darle a la ruleta con la otra mientras el vaso se mueve más o menos en círculos y manteniendo siempre, muy importante, el tubito por el que sale el vapor dentro de la leche. Con la emoción de notar (con la mano que sujetaba el vaso) como se iba templando la leche, dejé de pensar lo que hacía y... desastre al canto, bajé el vaso, lo posé en la encimera debajo del chorro de vapor a presión, con la consiguiente subida de leche, también a presión, que fue uniformemente repartida por toda la cocina. Luego no era capaz de girar la ruleta en dirección contraria para que dejase de salir vapor y, después de un ratillo, me di cuenta de que, por lo menos podía mover el vaso para que no estuviese debajo del chorro de vapor a presión de modo que la leche dejase de salir del vaso en plan aspersor... Estaba yo sola en la cocina, pero mi jefe se olió que pasaba algo raro y vino a olisquear, con las consiguientes carcajadas. Más o menos como las que leo en vuestras caras, ¡seréis... !

-la paya-

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