Extranjera, sí, ¿qué pasa? Eso es lo que pienso a veces cuando alguien te mira raro o hace comentarios desagradables porque no les he entendido, con lo sencillo que sería repetirlo más despacio... ¿hablan ellos español? ¿cómo que no viene al caso? ¿sabéis cuanta gente de mi oficina se va de vacaciones a España? 4 de los 12 que estamos ahí a diario (y no me he contado a mí misma, ni en el 4 ni en el 12) ¿cuántos son capaces de reproducir algún sonido en Español? uno que parece un poco interesado y al que he enseñado a pedir dos cañas, uaaaao.
Hace unos días tuve una conversación triunfal con una consultora. Ni que decir tiene que el asunto se desarrolló por teléfono donde el mundo es desesperante porque no puedes adivinar por la cara, leer los labios y los gestos... Conseguimos entendernos, quedar y confirmar el asunto por correo electrónico. Frase de nota, ¿qué es lo primero que aprendes cuando escribes una carta formal en inglés? dos cosas, a saludar: "Dear Fulanita, salto de línea" y a despedirte "Looking forward to hearing from you, salto de línea". Bien ¿qué escribe una amparo, presa de la emoción y los nervios por haber hecho una cosa bien en su vida (conseguir la cita en cuestión)? "Looking forward to hear from you".
Hasta aquí la amparada es comprensible, pero la tía respondió y todo el mensaje fue:
"Dear Eva,
I´m looking forward to hearing from you, too."
Ahí, dejándolo clarito, que lo has escrito mal, tonta´l culo. La muy... Para el día de la visita elegí cuidadosamente la ropa a ponerse, así como formal, como de persona mayor y eso. Pero ¿sabéis qué es lo peor? que me pegaban genial unas botas negras que tengo de tacón y además pensé, seguro que la muy (puntos suspensivos) es pequeñaja, se va a enterar esta... ¡sí, yo! ¡y así os lo cuento! ¡cielos, esta isla me está volviendo violenta! ¡sacadme de aquí!
El caso es que no lo hice, me puse unos zapatos sin tacón (es más las botas no me las he puesto nunca, además del día que me las probé en la tienda y otro que estuve aquí en casa, probándolas por la moqueta). Y cuando apareció por la puerta reconocí inmediatamente que no me hacían la menor falta. La mujer era bastante compacta, pero parecía medianamente sencilla y hasta simpática. Después creo que le gustó mi jefe, jejeje, y acabé reconociéndola como una auténtica amparo. Yo le había explicado como llgar hasta el edificio y cómo encontrar el aparcamiento, pero no lo encontró y aparcó en un aparcamiento cercano (qué sonoro tanto aparcamiento, aparcar!). Al final de la sesión acabó contándonos historias como que tenía un aparato en los dientes que le hacía un daño horrible, que una vez tuvo que hacer una visita a una empresa recién salida del dentista, con todas las implicaciones que eso supone al tomarte un café con los clientes y tener un lado de la cara completamente anestesiado... con todo lujo de detalles, no creáis. El caso es que me pareció majísima... por aquello de seguir viviendo en un mundo de amparos.
-la paya-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario