Salir de la oficina en unas ficticias vacaciones (hasta la mañana siguiente), pedalear escasos minutos hasta un bar que siempre veo en el camino, rodeado de árboles y césped, junto a la vía del tren, con pinta de ser una antigua estación. Parar, tomarme una pinteja y pasar la tarde haciendo algo distinto, en un sitio distinto. Un cambio de escenario, uno de esos momentos de egoísmo que disfruto en la soledad de mi compañía y que en esta ocasión me he visto además acompañada de una libreta y un boli, amén de la pinta y la bolsita de patatas fritas con gusto a sal y vinagre vacía, disfrutando de los paluegos (esos restos de patatas fritas que se quedan entre los dientes y se disfrutan hasta largo rato después de terminar las patatitas).
Nota de la transcriptora: esta entrada es una "transcripción" de mi libreta...
El sitio no ha resultado exactamente lo esperado porque la antigua estación que yo veía desde la carretera no es el bar, pero bueno, es un sitio bastante grande, con ventanas pequeñas y cortinas estilo lo que el viento se llevó, como a ellos les gustan, con mesas de madera estilo merendero en el exterior, cuatro señores grifos de la cerveza tradicional inglesa y comida típica que igual me da por probar en un rato. Y lo que más me ha sorprendido de todo: una inglesa que parece simpática, sin voz chillona ni amabilidad hipócrita.
Aún más me han sorprendido las sillas, que parecen robadas de la iglesia más cercana, de esas que tienen un cajoncillo en la parte posterior para que, el que se sienta en la fila de atrás deje el libro de cantos u oraciones; también me sorprende que el tipo que tengo enfrente (con un par de mesas de por medio) se haya pedido, a la vez, tres pintas; que los radiadores estén pintados de madera o que haya una familia con rasgos indios a los que llevo un rato escuchando y no entiendo una palabra de lo que dicen (sí, tenía la esperanza de que fuera hindi, qué pasa).
[el tiempo pasa]
Estoy un poco borracha y aún no me he terminado la primera pinta, parece que estoy un poco débil, que tengo el estómago vacío o que me ha venido la regla, qué se yo... el caso es que acaba de pasar un tren junto a mi ventana lo que quiere decir que sí es la antigua estación. Vamos, digo yo que a nadie en su sano juicio se le ocurriría construir un bar tan cerca de las vías...
La familia tipo indio habla en inglés, aunque la señora habla por teléfono en otro idioma... creo. Además el tipo (encorbatado) de las tres pintas ha recibido a sus esperadas acompañantes... me tengo que comprar una cámara digital ya. Él se ha sentado, no sé si estratégicamente en una mesa de seis (el tamaño de las dos amigas es considerable). La primera en llegar se ha sentado casi en el otro extremo... un poco raro, ¿no? pues la tía no deja de leer o mirar notas en un cuaderno tamaño folio que tiene enfrente de la cara, incluso cuando tiene que dirigirse al encorbatado.
No mucho después ha llegado otra a quien le ha sido adjudicada la tercera pinta. Se ha sentado junto al encorbatado y unos momentos después parece que, entre los dos le han entregado un regalo a la del cuaderno: un cojín horroroso, blanco y bordado en negro que no parece haberle gustado en absoluto a la rara. ¡Eh! hecho insólito, dos personas más se han aproximado y parece, efectivamente una extraña celebración de cumpleaños: se han sentado, exactamente en el lado contrario al encorbatado. La situación es él y la otra en un extremo, los dos nuevos en el otro extremo y en una esquina, alejada de los dos primeros, la homenajeada. Los últimos en llegar le han regalado a la del cuaderno una serie de seis libros que tampoco han suscitado en ella el mínimo sentimiento de gusto o gratitud. Ha sacado una bolsa de tela de su bolso, ha guardado los obsequios en ella y sigue con su cuaderno... un poco después ha dejado el cuaderno y ha dado a los dos más lejanos una hoja de papel en la que no sé si ha escrito una historia corta o una crítica de cine.
No puedo beber más y esto se está volviendo ruidoso así que nos vamos a quedar con la intriga. Además, entre la mesa es la que tenemos tan particular interés y la mía, se ha sentado una pareja que rondará los 40, llorosa, que ha venido a discutir sus problemas, lo que me hace sentir un tanto incómoda, porque están justo en la línea de visión de mi objetivo así que dejo el estudio sociológico inconcluso, a ver si el hipo me permite pedalear colina arriba.
En este momento guardé mis cosas y me fui al baño. Cuando salí la mujer de la pareja en cuestión colgaba una llamada en su móvil y le decía al otro que volvería en un rato, con la consiguiente cara de absoluta incredulidad del otro, que allí se quedó... y yo me fui a casa pasando por el super. ¡Qué desastre! para un día que no llevo mochila, se me ocurre pasar por el super... cogí lo imprescindible (pan, leche y queso) lo metí en una bolsa y la colgué del manillar... No sé muy bien si por efecto de la pinta o de la bolsa que me desequilibraba, pero tuve serias dificultades en el aparcamiento del tesco... nada, nada, en bici sí, pero por la acera :)
-la paya-
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