Parece que me gusta ir haciendo el ridículo por la vida. Ayer fui a la cocina de la ofi a prepararme una taza de té. Lo hice con todo el cariño del mundo, añadí un poco de azúcar y algo de leche a la mezcla lo que resultó en una taza... bastante llena. En esto que salgo de la cocina, con paso quedo y la mirada fija en el borde de la taza y en el oleaje del ungüento. Tal era mi concentración que recorridos los tres primeros metros hacia mi mesa, doblo una esquina y... ¡aaaaaaahhhh! (pero dicho hacia dentro, en alto, pero cogiendo aire) me he cruzado con otra persona, me he desconcentrado y me he asustado tanto que he tenido un infartito (susto requetesusto) pero no llegó ni la sangre al río ni el té en la moqueta eso sí, la directora de finanzas debe estar aún partiéndose el culo.
-la paya-
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