No os voy a contar la peli, os voy a contara la historia de mi extraño viaje de vuelta a casa en bus. Creo haber escrito con anterioridad que hay tres empresas de autobuses y hay una que me gusta especialmente, primero porque el billete para todo el día cuesta una libra y puedes subir las veces que quieras; además no hay mucha gente y no para en todas las paradas a menos que alguien lo solicite, con lo cual es más rápido y, por supuesto más silencioso. En esto estaba yo regocijándome, en la poca gente chillona que hay en esta compañía de autobuses cuando entró una tropa estudiantil con camisetas blancas pintorrojeadas al estilo san Alberto. Estaban en una parada cercana a la universidad politécnica y, lógicamente venían de una fiesta y la iban a seguir en algún otro sitio.
Pese a la creencia popular de que en la parte superior del autobús hay más vida, más ruido por aquello de ser donde se cree que se sientan los gamberros, se quedaron todos abajo, no sé si por hacernos compañía a mí y a la otra señora que iba sentada en el autobús. El caso es que chillaban y coreaban algún lema universitario. En las siguientes dos paradas, subieron un grupo de 4 chicos, quienes subieron directamente a la parte superior, otro grupo de tres personas que decidieron quedarse de pie en el pasillo y observar el espectáculo y un chaval blancucho, con cara de pocos amigos que decidió sentarse frente a mí. No exactamente en frente. Yo estaba en la primera fila, mirando en la dirección de avance del autobús y había otro asiento de lado, delante de mí, sentado mirando a la escalera que sube al piso superior. Vamos a ponerle nombre a nuestro digamos... ser humano bajo estudio, Bill.
Nada más arrancar el autobús Bill se dió cuenta de que había mucho ruido y miró a su alrededor, identificó los berridos a coro como estudiantiles y le preguntó a la multitud (serían entre 15 y 20) si eran estudiantes. Acto seguido empezó a cagarse en tó lo que se le ocurrió, con un acento mancuniano barriobajero de flipar y se le empezó a poner cara de colgao, colgadísimo y bien flipao no sé muy bien si por la coca, exceso de pegamento (no dejaba de sorberse los mocos hacia arriba, tocándose la nariz y asegurándose de que no perdía nada), o simplemente el chaval nació así ya. Un tipo enclenque, bajito y con actitud muy amenazante.
Al principio los estudiantes lo tomaron a mofa y le provocaban, imitándole incluso el acento. Luego se dieron cuenta de que estaba bastante pasado y que iba a ser un problema así que decidieron ignorarlo, dejar de cantar y seguir gritando entre ellos de lo que había pasado en la fiesta.
Yo sólo quería dejar de mirar la cicatriz que Bill tenía en la mandíbula inferior... una línea muy fina de unos 7 centímetros de longitud que podría ser de una operación y que a mí se me antojó de navajazo... Por cierto que el grupo que subió arriba bajó a disfrutar del espectáculo y uno de ellos, viendo que estaba yo solita sentada en el asiento más cercano a Bill, decidió sentarse a mi lado.
Los estudiantes llegaron a su parada y, para bajar del autobús tenían que pasar por delante de Bill, desfilaron unos cuantos y Bill decidió sacar la pierna a paseo y propinar una patada a uno de ellos, uno pequeño, de su estatura. Éste se volvió con intención de partirle la boca, pero en un autobús es de mala educación así que le provocaba para que saliera fuera. Aunque parezca mentira Bill entró al trapo y se levantó de su asiento, yo creo que hubiera salido pero el siguiente estudiante le apartó del pasillo de un impujón y entonces Bill salió de su ensimismamiento en el individuo que le insultaba y fue consciente de su inferioridad. El resto ya fue teatro puro y duro, "ven aquí, sal si tienes huevos", "claro que voy" se acercó hasta la puerta y escupió al grupo, volviendo después a su asiento. Se cerraron las puertas del autobús y seguimos la marcha.
Ya sólo quedábamos dos del grupo de amigos que bajaron a ver el espectáculo, la señora, Bill y yo. Cuando Bill se acercaba a su parada tocó el timbre, se acercó al conductor y mirándole a la cara le dijo "perdona todo este jaleo tío, pero es que odio a los estudiantes" (flipa!, hasta donde llega la hipocresía del lenguaje educado... porque muchas veces es sólo lenguaje!).
Y el resto del viaje los tres restantes y el conductor nos hicimos super amigos y pusieron a Bill a parir, cada uno se bajó en su parada y fin de la historia. No ha sido una de mis peores pesadillas, pero ahí queda eso.
-la paya-
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