Este mes de Avril he tenido tantas visitas como fines de semana hay en el calendario. Es decir por aquí han pasado mi hermana, hermano, padres y amigos con sus respectivos.
Lo bonito de invitar a gente a tu casa es que con cada uno haces actividades que con otro, pues ni se te ocurriría. También es la oportunidad para pasar un rato con la gente que casi no te da tiempo a ver cuando vuelves de visita. Con todos ellos he aprendido algo más que no sabía de la ciudad donde vivo. Además todos ellos han sido generosos y he disfrutado de excesos de comida y bebida. Eso ha estado bien.
Lo malo es que te quedas sin intimidad durante un mes. Además me he convertido en el servicio de limpieza con peores medios jamas en la historia porque no tengo lavadora en casa. También he dejado de lado la natación con tanto preparativo.
Pero lo peor es que mis padres eran los últimos y es a los que menos caso he hecho y con los que más me he permitido demostrar mi mayor desprecio como si fuera una adolescente. En pocas palabras, que no he disfrutado de su compañía. La paya ya ha hablado largamente de su visita paterna, y creo que mis padres no son de ese tipo. Es decir, que ellos han sufrido tanto o mas conductas paternales como la paya y han sabido comportarse. Es decir, han preferido quedarse en un hotel, comer fuera...etc para no molestar.
Pues mi padre se ha ido con la impresión de que yo no lo quiero. Fíjense, como me las habré ingeniado yo para que se vaya con esa conclusión. Creo que no es una casualidad que a mi no me importe irme tan lejos de mi familia, ni que cuando vienen aproveche para intentar hacer de vengadora haciéndoles pagar la adolescencia que me tocó. Es decir que soy una cochina rencorosa, señoras y señores. Además no puedo ejercer ni con gusto, porque luego me entra arrepentimiento.
Por lo tanto, creo que las visitas son altamente enriquecedoras, porque hasta aprendes cosas de ti que no sabías.
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