Si redactásemos un decálogo de amparos, éste debiera ser uno de sus puntos principales. En mi caso particular de amparo me paso en la parra una media de dieciocho horas al día. Además estoy descubriendo que es contagioso, no importa la cantidad de gente que haya alrededor, los listos no conseguirán evitar la tragedia.
Hace un par de días fui con una compañera a comprar entradas para el teatro. La primera la hicimos porque queríamos tres entradas y hacían descuento con la tarjeta universitaria así que llevamos tres tarjetas y dos personas. Pedimos las entradas para la función de esa tarde, elegimos nuestro palco, mostramos los carnés y ¿qué pasa? que la señorita de la taquilla nos informa, con toda amabilidad, que la señorita del carné que no corresponde a ninguna de nosotras pasó ayer mismo a comprar su entrada, pero que no le importa, que nos hace el descuento igualmente.
Eso es eficacia, toma ya.
Bien, llegamos esa tarde otra vez al teatro para disfrutar del espectáculo. Nos piden la entrada (no el carné) no cortan el trozo correspondiente, nos explican dónde está nuestro palco, entramos... y hay dos personas sentadas en nuestro asiento. Se lo comentamos,
- disculpen, debe haber algún error, esas son nuestras butacas
- no, no, se habrán equivocado
todos sacamos las entradas y miramos con atención: butacas 1, 2 y 3 (ellos tienen 1 y 2) ¡del mismo palco y del mismo piso! Entonces piensas que se han equivocado de función pero bueno, el palco contiguo estaba vacío así que nos trasladamos sin ningún miramiento (no, no llegó nadie).
Al salir del teatro lo comentamos con los otros cinco compis y todos llegamos a la mismoa conclusión, se equivocaron de fecha. Y efectivamente así fue, pero las ilegales fuimos nosotras ¡hay que joderse!
-la paya-
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