sábado, 10 de enero de 2009

El día que me dieron las vacaciones

Un día que debería ser feliz; día simbólico en España por el sorteo navideño (no compré lotería así que dudo que me haya tocado nada); día en que tomo mis vacaciones de navidad (qué bonito suena: no volveré a trabajar este año); día en que he recibido mi sueldo mensual junto con una cantidad (menor de la inicialmente acordada pero mayor de lo que la empresa daría dada su actuación anual: no hemos tenido beneficios).

Pero todo lo anterior apenas tiene valor en mi escala. Yo estoy triste. Y no sé muy bien el motivo. Estoy desilusionada con mi trabajo: no avanza (mi jefe está demasiado ocupado en otras cuestiones); desilusionada con mis compañeros (que ya quedó claro en una entrada anterior que no son mis amigos); no me hace ilusión volver a casa por navidad, y eso que sé que voy a disponer de buenos ratos con algunos de vosotros (mis queridos lectores). Aún recordando esto, mi nivel de alegría sigue tendiendo a cero.

¡Ah! y también he sobrepasado el solsticio (con lo cual los días volverán a crecer y a crecer) y cuando vuelva hará un año que vivo en este país. Quizás sea eso lo que me desilusiona, que ha pasado prácticamente un año y aún no he encontrado respuesta a mi eterna pregunta: ¿qué hago yo aquí?

-la paya-

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