Beboagua es bonita, blandita, suave, tan verde por fuera que se diría toda vitalidad, que no tiene penas -me encanta Platero y yo, pero es difícil adaptar esa gloriosa primera línea, escrita para ese burrito entrañable a mi querida Beboagua...-
Sin embargo, la Beboagua que no es de cuento, la Beboagua real que me acompaña todos los días en la oficina y que llegó aquí poco después que yo, sí tiene penas. Ha llegado el verano y se pasa las horas pegada a la ventana, mirando fuera, viendo lo que pasa al otro lado del cristal sin poder sentirlo en sus propias hojas... Beboagua vive desde hace meses en un edificio inteligente y no se ha acostumbrado a tener aire acondicionado, se marchita porque le falta calor y el que yo le doy cuando la miro no le basta.
Beboagua era una plantita anónima, regalo de nuestro jefe, para "adornar un poco la oficina". Apareció un día, de repente y venía con un post-it pegado en el que se leía: "bebo agua". De ahí su nombre y, la verdad que le hemos tomado cariño, se ha convertido en testigo de nuestras alegrías, nuestras penas y nuestras desgracias, en mascota del laboratorio y en un ser vivo entrañable. Beboagua es lo primero que veo cuando entro, despliega sus hojas grandes y verdes mandándome un abrazo de bienvenida, sobre todo los lunes. Beboagua es lo último que veo cuando salgo, y me da las buenas noches. Es a Beboagua a quien miro cuando mi vista necesita relajarse y desviarse de esta pantalla, pero Beboagua se marchita y yo me marchito con ella porque no sé cómo darle lo que tanto necesita...
-la paya-
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