Y la cosa ha sido larga, pero casi que ha resultado satisfactoria. El comienzo fue muy duro, todos estábamos nerviosos y cada uno tenía sus razones: ellos por prestar atención durante el viaje y tomar puntos de referencia para posibles visitas adicionales y yo porque veía la que me iba a caer encima... Por lista... Yo quería enseñarles dónde y cómo vivo para que dejen de preocuparse y cierren por fin la etapa de preocupación por los hijos y ya, de paso, que empiecen también a disfrutar la vida.
Puntos negativos: agobio a tuti plen y yo, ante tales circunstancias frunzo el ceño y a ver quién se atreve a decir algo que muerdo, doy malas contestaciones, me paso el día entero enfadada, etc. Vamos, una joya. Ni que decir tiene que el peor momento era el del desayuno familiar (sí, se han levantado todos los días a desayunar conmigo). Para los que aún no lo sepan, mis despertares no son, precisamente agradables y desde el momento en que despego medio ojo hasta que consigo abrirlos los dos, darme una ducha y desayunar, es recomendable no cruzar ni palabras ni miradas conmigo. ¿No os esperabais esto de mí, no? pues ahí queda esto, y si me tocas los pies para despertarme te odio dos días seguidos.
Bueno, anécdotas "simpáticas" es que se negaron a entrar en la catedral porque pertenecía a la iglesia anglicana, que después de cenar en un restaurante de comida india -con camareros paquistaníes- mi padre me estuvo dando la chapa dos días para que cambiase el pin de la tarjeta, que les había calado bien y que me iban a desplumar (¡dos días! a mí todavía me dura el cabreo).
Por supuesto mi casa ha sido reformada, el mayordomo del algodón no tiene nada que anunciar aquí y mi ropa no tiene ni una arruga... si es que consigo encontrarla, claro, porque parte del mobiliario ha sido redistribuido a sitios más adecuados...
Y ahora a ver si me puedo explayar en lo positivo: han entendido que tengo una vida (pese a ser mujer, hermana menor y, para más inri, soltera, que por cierto se han convencido de que cuando les digo que espero que siga así muchos años lo digo completamente en serio); además les he enseñado algunos platos de cocina (con lo cual ya soy mayor y puedo cocinar por mí misma, incluso investigar nuevas recetas); han entendido que no es preciso hablar más de una vez por semana si no hay nada que contar y que más de 3 días seguidos juntos no nos aguantamos.
Así que ya somos mayores y hemos sobrevivido a la visita familiar. ¡Yupi!
-la paya-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Pese a todo te queremos...je je
ResponderEliminar-Amparo-