Se dice, no sin razón, que el sentido común es el menos común de los sentidos. Pongamos un ejemplo: tengo una contractura muscular de tanto darle a la tecla de la computadora. El miércoles no podía mover el cuello ni el brazo derecho y me mareaba -literal, que no literariamente- de dolor con ciertos movimientos. En estas condiciones me fui a un médico que me dijo que estaba fatal, y pasó a recetar fármacos: me recetaron un relajante muscular, el myolastan, que son unas pastillitas aparentemente inofensivas, de 50mg, pero con una dosis se podría dormir a un elefante, igual es el principio activo de los dardos tranquilizadores... Bueno, supongo que la gravedad del asunto lo requería y que el médico fue diligente en su intento por curarme.
Por supuesto me recetaron también un antiinflamatorio y claro, como estas cosas son una bomba para cualquier tipo de estómago... pues me lo recetaron en supositorios. El caso es que no me dí cuenta hasta que eché a andar de camino a la farmacia más próxima... en supositorios... ¿y cómo coño me voy a poner un supositorio si no me puedo mover?
Dejo la pregunta en el aire, por si alguien encuentra una solución digamos... RAZONABLE.
Saludetes y bienvenidos al mes de octubre,
-la paya-
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